sábado, 18 de septiembre de 2021

De pandemia y sus contrarios.-



Creo que en esta bitácora aún no se han cavado trincheras a favor o en contra del negacionismo. Y no es porque el tema no lo merezca con tanto soliviantado como hay por lo de la vacunación del rebaño, sino porque a un servidor, aparte de que pensar en estas cosas le da bastante pereza, le aburren los dogmas. Por eso, este jubilata trata de entender, pero no manifiesta opinión. Por lo menos hasta aquí.

Es cosa sabida que el dogmático, el que cree conocer la verdad, necesita alimentar sus convicciones con la descalificación y con el menosprecio y la reducción al absurdo de los argumentos del otro, del que no comparte sus creencias. Quien se aparta del dogma, se aparta de la verdad. Así, quien no se vacuna, es un heterodoxo e irracional negacionista que debe ser condenado al ostracismo; o al contrario, quien sí se vacuna - visto desde la otra trinchera -, un borrego sin más voluntad que la del rebaño. Cada cual elija el bando y dispare su andanada.

Como dice con buen criterio mi vecino el depre, yo, con lo mío, ya tengo bastante. Y un servidor no es que ande deprimido con el año y pico que llevamos de pandemia, como les pasa a algunos conocidos míos, ni cantando el “Resistiré” desde el baluarte domiciliario; es que vive en la convicción de que despreciar o ningunear a quien no piensa como uno, o a quien piense contra las creencias de uno, es un esfuerzo estéril. Y a este jubilata ya le pilla mayor…

Aparte lo dicho, sería enormemente aburrida una sociedad donde todos pensásemos y actuásemos igual. Aunque, si nos paramos a pensarlo un poco, parece que esa es la tendencia: el mundo está lleno de Epsilones adictos al soma que tan generosamente distribuyen las redes sociales, los influencer de todo pelaje, los medios de adoctrinamiento y cualquier aparato propagandístico que sirva para apesebrar al pueblo soberano. El personal es inducido a formar un ganglio amorfo, acrítico, obediente a las consignas y reacciona según los estímulos que convengan al caso. Bien sea aceptando una vacuna salvadora de la especie humana, bien sea oponiéndose en plan de irreductible aldea gala al avance de las miríadas de borregos vacunados.

Un servidor (confiteor in Deo) ha entrado en la grey de los borregos vacunos, y eso por razones que no viene al caso explicar aquí, ni a nadie importan. Si alguno de los improbables lectores de esta bitácora es crítico con esa mi actitud y me acusase de ser un manipulado sin criterio propio y de fomentar el enriquecimiento desmesurado de la industria farmacéutica, sólo le diré que llevo 25 años alimentando con mi próstata de jubilata la voracidad de esa misma industria farmacéutica. Con lo que me alegro infinito de que no exista un frente negacionista de la hiperplasia benigna y su medicación. En cuanto a lo de ser un manipulado sin criterio propio, pues no le diría que no. Pero eso no va implícito en la vacuna, es el tributo que pago por pertenecer a una sociedad niveladora que tiende al pensamiento plano.

Perdóneseme la brevedad y superficialidad de lo dicho en tan arduo asunto. De momento, y salvo mejor parecer del improbable lector, tampoco tengo mucho más que decir.

4 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Querido Juanjo, te había dejado una réplica, pero al final me has inspirado para un artículo... como sabes dónde está mi blog, ahí te lo dejo. Un abrazo

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  3. Leeré, leeré con detenimiento. Gracias, Carlos.

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  4. Juanjo los jubilatas regresamos todos los días a casa con dos bolsas grandes ; una lena de medicinas y la otra pan ,leche ,arroz u frutas

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