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jueves, 8 de marzo de 2018

La fea manía de las manifestaciones.-


Se refiere el título, claro está, a esas manifas antisistema que a la gente descontenta le ha dado por organizar, precisamente ahora que la recuperación económica es un merengue de nata al que cuatro privilegiados le dan lengüetazos. Estas últimas semanas han sido los pensionistas – jubilatas, en términos coloquiales de esta bitácora – que siguen/seguimos reincidiendo. Eso a pesar de que, como se ha dicho por activa y por pasiva, pasta para ellos no hay. Y ahora, las feministas, dispuestas a cambiar el mundo. Todo lo cual es un sinvivir para quienes se apoltronaron en el sistema.

Lo de que a ver por qué sí hay un pastizal jugoso para rescate de bancos autoquebrados, autopistas desiertas, proyectos Castor de don Florentino, sostenimiento de la Iglesia Católica que ha siglos ya olvidó la pobreza evangélica…, todo eso es argumento torticero y malintencionado de cuatro podemitas vendidos al oro de Venezuela y de otros cuatro viejos caducos y en proceso de senilidad galopante… y de cuatro feministas privilegiadas, con trabajo y todo.

Un servidor, francamente, a estas manifas que remueven la charca social prefiere las manifestaciones de don Mariano, que, aparte de jugosas, no alteran la paz ciudadana y alegran al personal con sus dislates tan bien trabados. Su último hallazgo de Haré todo lo que pueda y un poco más de lo que pueda, si es que eso es posible. Y haré todo lo posible e incluso lo imposible si es que lo imposible es posible, es un modelo de trabalenguas que difícilmente mejorará el académico de la Real Academia, tan verboso como echao p’adelante, don Arturo Pérez-Reverte. Hay que recurrir nada menos que al caballero de la Triste Figura y sus lecturas de libros de caballerías para encontrar requilorios que lleguen al nivel de ingenio del inquilino monclovita.

La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece que con razón me quejo de la vuestra fermosura, eran intrincadas razones que a don Quijote le parecían de perlas y que, sólo porque las trajo a colación don Miguel, las podemos parangonar con Es el vecino el que elije el alcalde y el alcalde…etc., etc. Aunque la andanada de Los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza, que fue secando el poco juicio del hidalgo manchego, no llega con mucho al famoso trabalenguas del finiquito diferido de doña Cospedal, joya de la oratoria política; pieza retórica que hasta se debería enseñar en las escuelas de pago.

A juicio de los expertos tertulianos de tertulias en torno al pesebre mediático, la culpa de tanta manifa es de lo de Cataluña, que está perdiendo fuelle. El personal se está aburriendo de ese drama patriótico en el que un monarca republicano en el exilio nombra como delfín y sucesor a un héroe aherrojado en las zahurdas carcelarias del estado opresor. Ni siquiera lo del lazo amarillo da ya juego, que todos los grupos en protesta tienen cada cual el suyo. Y si no, ahí está el lazo color mierda 0,25% que han adoptado los jubilatas para visualizar sus irreflexivas reivindicaciones, y el morado de las féminas que piden paso a marchas forzadas.  A menos que no salga la CUP con un golpe de efecto y tome el Parlament blandiendo la hoz de els segadors, eso del procés ya no hay quien lo remonte. Soy un fui que no será, podría decirse de ellos.

Aunque alguna luz se vislumbra. Eso de cantar el pasodoble de Banderita tú eres roja, banderita tú eres gualda en el cole concertado y convertirlo en materia curricular, es un hallazgo que puede dar sus frutos si se insiste en ello. A condición de que no se acabe dejándolo en el abandono, como el sentido himno nacional que cantó la buenorra de Marta Sánchez en el Teatro de la Zarzuela. Aquello duró cuatro tuits y fue humo de pajas. Y lo de Tabarnia, ya veremos qué recorrido tiene.

Parece razonable, para la gobernanza del país, anteponer el patriotismo común a los patriotismos periféricos y separatistas. Y para eso, Banderita es muy pegadizo y zarzuelero y muy entrañable. Muy Bien de chez nous, que dirían los franceses. Debidamente fomentado, puede durar cuarenta años, como cuando un servidor era niño y entraba en la escuela pública cantando Montañas nevadas, y marcando el paso con los zapatos remendados, como pequeños patriotas de la España franquista que éramos. Que hasta nos daban en el recreo leche en polvo y queso amarillo de la ayuda americana, de cuando el Invicto les alquiló un trozo de patria a los yanquis para que fuésemos el Vigía de Occidente.

Pero, en fin, el asunto de hoy era el de las manifas que proliferan a pesar de que don Mariano hace lo posible por distraernos con su florilegio de verbosidades ingeniosas. Pero el hombre, por más voluntad que le ponga, no consigue arrastrarnos, como el flautista de Hamelín, chuflando la tibia de doble caña de la recuperación económica a dos velocidades.  Contumaces y tercos, el personal sigue empeñado en sus particulares cruzadas reivindicativas. Quizás sea por eso que este 8 de marzo, cuando volvíamos del médico, la santa y yo hemos estado un rato en la concentración feminista de nuestro barrio.  Pero, bueno, solo ha sido un rato, ¿eh? Tampoco nos pongamos estupendos, que tampoco estamos en edad para poner patas arriba el mundo. Solo, de vez en cuando, alguna patada anticapilatista en los tobillos del sistema, señor Rivera, que por poco me olvido de Vd.

¿Ustedes piensan antes de hablar o hablan antes de pensar? Ahí queda esa reflexión de don Mariano que me hago cada vez que me pongo a escribir una entrada a esta bitácora.  It’s very difficult todo esto, me respondo a veces.

lunes, 16 de mayo de 2016

Aprendiendo palabras.-

Eso de empezar el texto con un gerundio es como para no seguir leyendo. Más aún cuando se reincide: se comienza el título con uno y se termina la frase con otro. Pero, por favor, ocasional lector, no lo tomes a mal, de alguna forma hay que arrancar.

Por eso es bueno aprender palabras nuevas, sobre todo cuando el aprendizaje se hace a partir de la actividad política nacional. Ya que la vida política de esta España, "este país" o como quiera que se le llame, no da más de sí, moviéndose entre el déjà vu y el escándalo nuestro de cada día, al menos que nos enseñen nuevas expresiones. Será lo único interesante que uno saque de la política nacional.

Y haciendo un  inciso, aunque viene al caso, este jubilata se lo pasó muy bien oyendo/viendo la tertulia de La Noche en 24 Horas en la que un podemita decía de vez en cuando “este país, este país” y un contertulio en vena patriótica le iba contando las veces que no decía “España”. “Oiga, fulano - le reconvenía al final de la perorata - usted acaba de no decir “España” seis veces seguidas”, y adoptaba un gesto de dignidad nacional ofendida bajo su canoso bigote. El otro seguía a lo suyo, que para eso tenía cancha libre y nadie le interrumpía con el manido: ¡Y tú, Venezuela!

También me recuerda la cosa – la política y los sentimientos patrióticos dan mucho juego – cuando, a veces, he comprado productos catalanes en el súper, he leído la etiqueta, y ponía made in Spain, como cosa de país extranjero. En esos casos me ha dado por pensar si no recuerdan que aquellas tierras empezaron a tener entidad propia siendo la Marca Hispánica carolingia. Pero eso de la fibra patriótica es algo muy de cogérsela con papel de fumar, que incluso me han censurado con tachaduras la publicación de una entrada, que llamé “La lupara y la tecla”, porque me permití alguna ligereza zarzuelera en asunto tan serio.

Bueno, sigamos… Lo que de verdad me ha llamado la atención, y posiblemente lo único de interés en la vida política de estas últimas semanas, es que los podemitas, por boca de su mesías, han puesto en circulación una palabra que, como italiana que es, suena la mar de bien: Sorpasso. Francamente, me ha reconfortado saber que no recurrían a la habitual angliparla para introducir nuevos conceptos. Sorpasso = adelantamiento. 

Se ve que sus inventores quieren dar un acelerón y adelantar a otros competidores en el número de votos y, por ende, escaños. Lo que, a renglón seguido, ha provocado un solidario gesto de compasión de las fuerzas conservadoras hacia la exigua Izquierda Unida. Nunca hasta ahora los ciudadanos habíamos asistido a unas muestras de preocupación tan desinteresada de la derecha española respecto al porvenir de nuestro pequeño partido comunista y de ese muchacho descarriado, de nombre Alberto Garzón. Según se lamentan apenados tertulianos de pesebre mediático y políticos dextrógiros en precampaña, la caperucita roja de Izquierda Unida va a ser triturada entre las moradas fauces podemitas y entonces, ¿qué va a ser de nuestros entrañables izquierdistas de toda la vida?

Y eso que la parábola para ejemplificar el supuesto desastre de la izquierda tradicional marxista ya está implícita en la palabra sorpasso; pero, claro, hay que caer en ello, y los voceros del cotarro patrio están demasiado ocupados intentado salvar del naufragio a nuestra pobre izquierda descarriada. Sorpasso es el título de aquella película de Dino Risi en la que un Vittorio Gassman/Pablo Iglesias, cuarentón y a por todas, invita a subir en su descapotable a un estudiante en época de exámenes, Jean-Louis Trintignant/Alberto Garzón, para correr locas aventuras durante el ferragosto romano.En plan jóvenes alocados, se toman unos botellines, pisan el acelerador, se lo pasan de p. m. y se dan una castaña que deja al ingenuo estudiante para el arrastre. A poco que se observen las concomitancias, hasta lo de los exámenes y el ferragosto coinciden: elecciones y en verano, que no se pueden manifestar con más claridad las coincidencias que el hado dispone.

Claro que nuestra derecha está más por Los Santos Inocentes, trinque ibérico y cortijo en paraíso fiscal. Lo suyo es tener a jornal a Paco el Corto y a Régula para que no vivan por encima de sus posibilidades, mientras el señorito va a sus cacerías offshore de contratos amañados, comisiones al 3%, recortes laborales, austericidio y defensa de los valores tradicionales. Pero, como parece haber ignorado el sorpasso de Dino Risi tanto como haber olvidado el final de los Santos Inocentes, luego se lleva una sorpresa cuando el tonto del lugar, el pobre Azarías, cuelga al señorito de una encina porque le ha matado la milana, y éste, mientras da zapatetas en el aire, nos hace recordar aquello que decía de sí mismo el poeta François Villon:

Au bout de la corde d´une toise
Mon cou saura ce que mon cul pèse
(En el extremo de la cuerda de una toesa, mi cuello sabrá lo que mi culo pesa)


Y ya sabemos que nuestros próceres del "todo por la pasta" se nos han puesto un poco fondones tras estos últimos años de barra libre.


martes, 3 de junio de 2014

La caspa, la casta y la pasta.-


Aparte de que nos van a estrenar nuevo rey, estos últimos tiempos el patio de Monipodio de la política castiza anda un tanto revuelto por culpa de unos tipos sin pedigrí y sin maneras que han pasado de rodear el Congreso a instalarse en el Parlamento Europeo, de vivaquear en tenderetes de plásticos en la Puerta del Sol a pisar las enmoquetadas salas VIPS de los aeropuertos internacionales. En fin, han pasado, sin mayores merecimientos que los votos de un puñado de rojeras casposos, de perroflautas a eurodiputados.

Con razón la casta política, experta en el manejo de los resortes del Sistema, ve cómo éste corre el riesgo de írsele de las manos. Anda lamentándose por tertulias afines al pensamiento único y prensa adicta a la cosa, con aspavientos quevedescos de miré los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes ya desmoronados... Vaticina revoluciones bolivarianas de Chaves redivivos y ve con horror cómo las hordas de barbudos castristas de las plataformas anti desahucio bajan de Sierra Maestra para desahuciar, a su vez, a los herederos de Milton Friedman. Como quien dice, están viviendo los terrores milenaristas por culpa de un anticristo con coleta sin estilismo y una caterva de antisistemas resentidos que quieren dinamitar el F.M.I. y las más sagradas instituciones.

Nunca tal se vio, los antisistema en el corazón de Europa; el zorro bolchevique en el gallinero capitalista; el populismo populachero vociferando en Bruselas - traductor simultáneo mediante - en las 24 lenguas oficiales de la comunidad europea. La leche, oiga.

Vea, vea el improbable lector las cadenas del TDT Party, oiga las tertulias, lea los artículos de quienes imparten la sana doctrina neoliberal y se enterará de que están al borde de un ataque de nervios. Y todo porque cinco frikis tendrán acreditación parlamentaria. El acabose, pordiós.

Todos estos voceros del sistema olvidan que los ciudadanos tienen derecho a votar a quien mejor les parezca, y que sus representantes son tan dignos de respeto como los que más. Aunque replicarán con el conocido, y manoseado, contra argumento: también Hitler ganó unas elecciones democráticas en Alemania y puso Europa patas arriba. Hitler suele ser un espantajo muy útil que se presta a cualquier componenda. Pero sólo instalado en una ideología a piñón fijo se puede imaginar uno a las huestes de Podemos desfilando al paso de la oca, gaseando banqueros y políticos corruptos. No hace falta que lleguen a esos extremos, con que les echen a vivir con el salario mínimo ya se les impone bastante castigo.

En vez de enrabietarse por el auge del perroflautismo casposo y lanzar anatemas, deberían sosegarse un poco los de la casta y sus adláteres, y hasta darse alguna que otra alegría de bragueta; el refocile en tiempos de desolación es cosa que apacigua mucho los ánimos soliviantados y sosiega los espíritus atormentados. Verían la vida de otro color. Porque, no nos pongamos trágicos: en realidad, lo que ha ocurrido es que los de Podemos han dado con el ábrete, sésamo que da acceso a la cueva de Alí Babá y ahora entrará un poco de aire fresco en las instituciones europeas. Tampoco es el fin del mundo.  

Pero los jubilatas, algunos al menos, seguimos estos asuntos con el escepticismo que nos nace de un corazón endurecido por quinquenios de decepciones, promesas incumplidas y una recua de ilusiones políticas frustradas. Algunos todavía recordamos aquellos tiempos prometedores cuando el trileo de la Transición, de cuando el tándem González-Guerra vestía chaqueta de pana con coderas, nos convencieron de que "OTAN, de entrada, no" y luego fue que sí, y el ideario socialista quedó olvidado en el viejo baúl del abuelo Marx. 

Algunos, jóvenes ilusos que éramos, nos creímos lo del progresismo de izquierdas. Ellos pasaron de la caspa a la casta, instalándose en el poder y la pasta; nosotros nos quedamos con el crecepelos que nos vendieron los charlatanes de feria y fascinados con su labia. Esperemos que ahora la poda de Podemos limpie un poco la maraña del zarzal europeo y deje el camino expedito a los ciudadanos.

Pero de fe, mal que nos pese, andamos un poco escasos. Ya nos lo dejó dicho don Ramón, el de las barbas de chivo: Las revoluciones, cuando triunfan, se hacen muy prudentes. Y nosotros, mientras no se desmonte la Europa de los mercaderes, seguiremos desconfiados. 

¡Qué cruz!

domingo, 22 de septiembre de 2013

Un bloguero de antaño.-


El improbable lector sabrá perdonar el anacronismo y el despropósito de suponer que antaño, antes de la invención de Internet y las redes sociales – incluso antes de la invención de la electricidad –, existían blogueros interesados en hablar de lo divino y lo humano, como actualmente lo hacemos los miles de internautas que nos hemos montado un blog a la medida de nuestro ego.

Este jubilata lo dice porque se evidencia una cierta similitud entre ambos casos -como se dirá-, aunque bien es verdad que un poco traída por los pelos. Piense, sin embargo, el lector, por unos momentos, en el paralelismo que existe entre aquellos viejos arbitristas de los S. XVI y XVII en nuestras Españas de los Austria y los tertulianos actuales que, tras sesudos análisis de la actualidad más inmediata, imparten urbi et orbi (ya que vamos a hablar de latines…) soluciones clarividentes a las que nuestros gobernantes no llegan con toda su caterva de asesores.

Estos preclaros tertulianos, como aquellos arbitristas antañones, desmenuzan,  con bien trabadas razones, los males que nos aquejan y proponen soluciones que, de ser tomadas en cuenta por los gobernantes, convertirían a este país en el Reino de Jauja, donde se ataban los perros con longaniza. Pero ni los arbitristas arbitraron soluciones efectivas para los males del antiguo régimen, ni los tertulianos actuales dan con una solución que remedie la decadencia borbónica actual… Pero dejémoslo aquí, que con el cambio de agujas nos hemos ido por otra vía.

Si al improbable lector se le dijese que el autor latino Aulus Gellius es al actual bloguero lo que el Homo Antecesor al urbanita actual, a lo mejor se lo tomaba por mala parte y se rebotaba. Pero sea paciente, que los jubilatas le damos muchas vueltas a las cosas y encontramos concomitancias y parecidos donde otros, más apresurados, no ven más que un patinar de neuronas.

Fue Aulus Gellius un hombre culto de su tiempo (S II, en tiempos del emperador Adriano), que estudió en Roma retórica, gramática y filosofía. Para ampliar conocimientos hizo lo que actualmente podríamos llamar un Erasmus de tres años en Atenas, donde conoció a los más afamados maestros de la época. Quiso dejar constancia del cúmulo de lecturas, notas de curso e investigaciones en un conjunto de escritos que llamó Noctes Atticae (Las Noches Áticas) que forman 20 libros donde da noticias de todos los saberes que llegó a alcanzar. En el prefacio dice que “Commentationes hasce ludere ac facere exorsi sumus”  en la campiña Ática.

Pero no entienda el improbable lector que se trata de 20 libros llenos de materias abstrusas, sino comentarios de una relativa brevedad - escritas en latín entreverado de griego -, donde nos habla asuntos comunes de la época y de conversaciones que tenía con sus maestros y condiscípulos sobre materias de lo más variado. Sirva de ejemplo éste: nos cuenta la curiosidad de por qué las mujeres romanas no juraban por Hércules, ni los hombres por Cástor; sin embargo, unas y otros juraban por Pólux. O este otro, donde explica que en el conuiuium (el banquete) no era aconsejable que hubiese menos de tres ni más de nueve comensales, evitando así que la conversación decayese (por falta de interlocutores) o se convirtiese en un alboroto (por exceso de ellos), y que los temas a tratar fuesen de agradable conversación; ni muy serios, propios de los oradores en el Foro, ni necios, propios de gente sin cultura.

“¡Pues, vaya!” Dirá el improbable lector, “¿A quién coños puede importarle eso?” Pues sí que importa. Gracias a que don Aulo Gelio se pasaba sus noches atenienses escribiendo sus recuerdos y conversaciones con amigos y maestros, conocemos actualmente autores cuyas obras se han perdido con el transcurrir de los siglos. Digamos que esa especie de diario o memorias personales nos han transmitido conocimientos que de otra forma se habrían perdido y que enriquecen un poco más nuestro acervo cultural.

Imagínese el lector escéptico que el ínclito don Aulio hubiese conocido Internet. Hubiese pasado sus noches áticas no escribiendo con un cálamo sobre papiro, sino dándole a la tecla para colgar las entradas en su blog, hablando de todo aquello que conformaba su sociedad, su forma de entender el mundo, y dando opiniones de tanto o más valor que lo hacemos actualmente los blogueros.

 Y ya puestos a establecer concomitancias, un jubilata – con tiempo y ganas – puede llegar a ser bloguero y latinista, sin que exista contradicción entre ambos. Lo de darle a la bitácora semanal, en eso estamos desde hace cuatro años; en cuanto a los latines, lleva más tiempo, pero de eso andamos sobrados los jubilatas. Lo que importa es no quedarse sentado, viendo pasar el tiempo hasta que la Parca nos llame a filas. Que ya se dijo en antiguos latines: Quid iuuat deos inuocare dum hic quietus sedes? Qui ipse se iuuare non uult auxilium deorum non meret. (¿De qué sirve invocar a los dioses mientras estás ahí sentado? Quien no se ayuda a sí mismo no merece la ayuda de los dioses).

Por lo demás, un servidor aspira a una modesta latiniparla de forma que no se diga de él lo que – según cuenta don Julio Caro Baroja – dijo el papa Pío VI de un teólogo aragonés tras leer su tratado teológico deslavazado y farragoso: Quis est iste qui tanta et tam barbare loquitur? (¿Quién es éste que dice tantas y tales barbaridades?).

lunes, 24 de junio de 2013

Culturizando jubilatas.-

Inscripción del mosaico de la Casa de Hippolytus
A veces, el jubilata se levanta de la cama, pone en marcha sus articulaciones artríticas, comprueba que las averías de ayer son las mismas de hoy y, con ese optimismo que da la edad, confía que sigan siendo las mismas de mañana durante muchos mañanas más. Comprobado el razonable funcionamiento de la máquina corporal, empieza a activar las neuronas. Con satisfacción, comprueba que también éstas mantienen una actividad razonablemente eficaz. Hecha la inspección rutinaria, ya puede ir al servicio, deslegañar el ojo somnoliento, preparar el café del desayuno y dedicarse a sus quehaceres.

El jubilata cree – con la misma fe que otros ponen en la Biblia – en la máxima latina mens sana in corpore sano,  que podrían traducirse, para uso propio, en una razonable curiosidad intelectual y un cuerpo con los achaques absolutamente imprescindibles. Para cultivar lo de la mens, y dentro de los cursos UNED Senior, prepara una bolsa con libreta y boli, una botella de agua y una gorra para el sol, y se va a Alcalá de Henares a visitar el yacimiento arqueológico de la antigua Complutum, junto a la antigua vía Carpetana, al pie del cerro del Viso. Fue esta ciudad fundada unos 100 años antes de nuestra era y, en tiempos de Augusto, fue una colonia donde se asentaron los veteranos de guerra.
Es curioso el afán de pervivencia de los asentamientos humanos, ya que la primera localización de un poblado carpetano (Combouto) hay que situarlo en lo alto del cerro del Viso. La conquista romana obligó a los carpetanos a bajar al llano y cambiar sus costumbres belicosas por las agrícolas. Sobre este emplazamiento junto al Henares, se estableció el municipio romano en tiempos republicanos. Los visigodos también se asentaron aquí y quedan restos de una necrópolis. Tras la invasión árabe, se construyó una alcazaba sobre el cerro para, definitivamente, bajar otra vez al llano con la reconquista, desplazándose el antiguo asentamiento hacia la actual ubicación de Alcalá, donde había una ermita dedicada a los niños Justo y Pastor, martirizados en tiempos de Diocleciano, según cuenta la historia piadosa.
Maqueta de la Casa de Hippolytus

Como en asuntos de arqueología un servidor está en niveles medianejos, no hará una descripción del lugar. Mejor si el improbable lector entra en Internet y ve una reproducción en 3D de la vieja ciudad romana. Aprenderá más. Lo que sí contaré al improbable lector es lo interesante que resulta la visita a la Casa de Hyppolitus. Es ésta una villa suburbana utilizada como colegio de jóvenes pertenecientes a la clase dirigente de los decuriones de Complutum; algo así, visto con ojos actuales, como un colegio para niños pijos, donde se formaba a las élites municipales. Una institución educativa que podría parecerse a lo que pretende el ministro Wert con la nueva ley de educación: la educación es cosa de ricos.

Escena marina
Antes que nada, hay que decir que la Casa de Hippolytus, realmente, pertenecía a la rica familia de los Annios, y que el nombre lo recibe del artista que construyó el gran mosaico que ocupa la zona central del edificio, un distribuidor desde el que se accedía al resto de las dependencias. Allí, el artista dejó constancia de su buen hacer con una gran cartela donde puede leerse: ANNIORUM HIPPOLYTUS TESSELLAV (IT): Hipólito lo pavimentó para los Annios.

Que un artista haga trabajos lujosos para ricos no tiene nada de especial; lo que sí lo tiene es que aquél montó un gran mosaico donde puede verse una escena marina absolutamente impensable en este secarral alcarreño, tan alejado del mar Mediterráneo, en el que se inspira. Los arqueólogos dicen que estos artistas musivarios eran profesionales ambulantes, como aquellos célebres canteros medievales que levantaron las grandes catedrales, y que plasmaban programas iconográficos llegados de tan lejanos, como en este caso, correspondientes al norte de África.

Puede verse aquí representada la piscifauna mediterránea, con esa obsesión que en historia del arte se llama horror vacui. No hay espacios en blanco y toda la superficie está cubierta con ejemplares de peces que abundaban en el mare nostrum en aquellos tiempos. Tres angelotes, erotes es el nombre que se les da, lanzan la red desde una barquichuela, en una escena amable, de puro entretenimiento, donde el afán de la pesca no es más que una excusa para embellecer una casa de lujo y servir de goce estético a sus moradores.

Tiene el lugar unas termas con una piscina polilobulada, un jardin al estilo griego, con varias exedras donde se impartían lecciones al aire libre, una letrina comunitaria… Lo de la letrina compartida es cosa que choca actualmente, pero si uno ha visitado la antigua ciudad helenística de Éfeso, en la costa turca, verá que las costumbres sociales – por rarunas que nos parezcan actualmente – eran similares a ambos extremos del Mediterráneo. La sala cacatoria era lugar de encuentro y socialización de gente ociosa y bien situada socialmente, hasta el punto de que había quien enviaba por delante a un esclavo a que ocupase uno de los evacuatorios para guardarle el sitio y calentarle el asiento. 

Un refinamiento tal, lo de cagar y hacer tertulia a la vez, no se ha visto en los tiempos actuales hasta la película de Buñuel, El discreto encanto de la burguesía. Actualmente, lo de las tertulias abunda mucho en los medios de comunicación, pero las defecaciones - que las hay - son mentales, lo que le quita mucha emoción al asunto.
Ventisquero en Cabeza de Hierro Menor
En cuanto a lo del corpore sano que decía al principio, ya casi no queda espacio, pero diré que este sábado pasado el jubilata se fue a hacer la Cuerda Larga entre el puerto de Navacerrada y el de Morcuera, 20 k haciendo cumbres por encima de los dos mil metros de altitud, y se le quedó el cuerpo como un reloj. Los achaques artríticos no hicieron acto de presencia, aunque sí había un par de rebaños de capra hispánica que nos observaban con curiosidad desde los riscos.
Subiendo a Bailanderos
Pero no era por nosotros, que ya están acostumbradas al trasiego montañero, era por los bocadillos que llevábamos en el morral. 

domingo, 10 de marzo de 2013

Coros angelicales.-


La verdad es que este jubilata está hasta la coronilla de tanto turiferario ratzinguerista como ha florecido, estas últimas semanas,  en las tertulias radiofónicas y demás prensa adicta a la cosa de poder divino. Resultan monotemáticos, laudatorios hasta el empalago y tan faltos de crítica que uno ha terminado por hastiarse y está deseando que, de una puñetera vez, se enclaustren los cardenales en la capilla Sixtina y nombren, previa  fumata blanca, otro jefe del estado Vaticano. A ver si la barca de san Pedro tiene nuevo timonel, las aguas del Tiberíades mediático vuelven a su cauce y las fuerzas vivas del tertulianismo radiofónico dejen de quemar incienso, que nos tienen atufados con tanta Su Santidad.

A estas alturas del telediario, uno  prefiere las tropelías del asunto Bárcenas a las babitas místicas que segrega la cofradía de untuosos forjadores de opinión. Al menos, aquél resulta más jugoso porque no hay día que no salga a la luz un nuevo atropello, una explicación disparatada de algún político, o una batería de denuncias judiciales para salvaguardar el buen nombre de quienes lo perdieron hace tiempo. Lo de los angelicales coros laudatorios del papa Benedicto es campo trillado y más monótono que una eternidad tocando la lira en la gloria celestial.

Pues un servidor, no mediatizado por las inacabables tertuliadas, aún recuerda que el cardenal Ratzinger fue nombrado por Juan Pablo II prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, o Inquisidor General y, como tal, ejerció con eficacia durante años, hasta el punto que le llamaban el Parzerkardinal. Y, como si fuera la brigada acorazada Brunete espachurrando rojos, con eficacia teutónica, laminó la teología de la liberación hasta no dejar casi vestigios del Concilio Vaticano II ni del compromiso de la Iglesia con los desheredados de la tierra. Lo cual no hay que buscarlo en el séptimo infierno del Dante, sino en los papeles que conservan la memoria histórica del único intento conocido de la Iglesia por tomar partido, en cuanto institución, con los desahuciados de la sociedad.

Como inquisidor general llegó a la conclusión de que la teología de la liberación interpretaba el mundo bajo el esquema de la lucha de clases, lo que era un peligro fundamental para la fe de la Iglesia. Con esta visión, no es extraño que al teólogo Leonardo Boff, en 1985, le montara un proceso digno del seguido contra Galileo y le prohibiera ejercer la enseñanza. Y gracias, que ya no estaban los tiempos para convertirlo en chicharrones en la hoguera. No es de extrañar que el obispo de Recife, Hélder Cámera, se lamentase unos años antes: si doy de comer a los pobres, me llaman santo; si pregunto por qué son pobres, me llaman comunista.

La verdad es que aquel trabajo lo hizo con eficacia germánica y la Iglesia, bajo su predecesor, se convirtió en un berenjenal de congregaciones místicas tipo Opus Dei, Legionarios de Cristo, Neocatecumenalistas que predican no ser su reino de este mundo, pero se alían con los poderosos y ocupan, subrepticiamente, parcelas de poder terrenal. Lo que no le impidió al cardenal Ratzinger, desde el Vaticano y con toda discreción – como suelen hacer estas cosas – interceder por el dictador Pinochet cuando estaba arrestado en Inglaterra por crímenes contra la humanidad.

En fin, el improbable lector perdonará que me meta en este tremedal teológico, pero un servidor veía con mucha simpatía a aquellos eclesiásticos comprometidos con los problemas sociales, que incluso dieron testimonio con sus vidas, como monseñor Romero o el padre Ellacuría y sus compañeros. Además, no es difícil entender que, de la misma forma que acabó con lo mejor que tenía la iglesia católica, ha sido incapaz de poner orden en la misma, con esos turbios asuntos eclesiásticos que se cuecen entre las bambalinas del Vaticano. Consciente de ese fracaso,  derrotado, anciano y enfermo, se va. Tampoco tiene nada de especial.

Aunque, quizás, sí. Sí tiene de especial que algún papa se apee de la silla gestatoria o del papamóvil y dimita, mientras que aquí no dimite ni político inepto, ni corrupto acreditado, ni dios que los crió. Se ve que están muy imbuidos de su sagrada misión. ¡Señor, Señor, qué cruz!