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sábado, 29 de septiembre de 2018

Confesiones de un ex-Diputado.-



En estos días que las cloacas del poder desbordan
por las alcantarillas del periodismo que se alimenta del fondo de reptiles, esta historia, absolutamente ficticia aunque verosímil, sale a la luz para que el improbable lector tenga una idea de cómo funciona el tinglado. 
Si no acaba de entender sus entresijos, no se preocupe, la puñetera realidad política de cada día es aún más complicada. En eso está el truco, en que el respetable se haga un lío y cambie de canal.

"Hasta entonces lo tenía todo: Acta de Diputado, influencias en el negocio de la construcción, negocios en B y una amante de buen ver y mejor palpar. Pero los envidiosos arruinaron mi carrera política.

El Acta, de mi propiedad propia y privada, me la gané a pulso. Los ciudadanos me la dieron gracias a mi habilidad y mi tesón. Porque ha de saber Vd. que entré en los círculos políticos por la base, de botones como quien dice, para llevar los cafés y la prensa al Jefecillo de la Agrupación de Barrio. Éste, a su vez, todas las tardes le llevaba las pantuflas y los chismorreos de los afiliados – que yo le contaba – al Semijefe, a su chalet de Las Rozas.

El Semi, llamado así por los rencorosos a los que yo espiaba, despachaba una vez por semana con el Quasijefe, y le contaba los chismes por cauce reglamentario. El Quasijefe tenía un despacho en Torre Pissarro con moqueta de lana inglesa y secretaria eficiente y bien entetada para lucimiento personal del gerifalte. El Semi, desnatado políticamente y bastante cremoso de ambiciones, lustraba los zapatos italianos del Quasijefe, mientras influía para colocar a sus amigos. A cambio, éstos conseguían votos y voluntades para que el Semi heredase el despacho del Quasijefe, incluida moqueta de lana inglesa y secretaria eficiente y bientetada.

El Quasijefe lo sabía, pero no le importaba, porque aspiraba a la Presidencia de la Consejería Técnica de la Caja de Ahorros Mantua Carpetana, oficialmente responsable de la promoción social de viviendas. Un primo suyo era presidente de la Junta de Portavoces de la Comunidad. Éste había ultimado un proyecto de ley que liberaba varios millones de metros cuadrados para la construcción. Y, casualmente, se trataba de unos eriales propiedad de la familia en el culo de la ciudad, donde se iba a realojar a  miles de marginales y emigrantes.

Mientras estudiaba la carambola político/urbanista/social, el Quasijefe rendía pleitesía los lunes y jueves al Segundo Jefe, de quien esperaba grandes apoyos. No en  vano, la mujer del Segundo Jefe había salido elegida Concejala de los Pobres en la renovación de los cargos municipales; y esto, gracias a los votos de las agrupaciones locales, que el Quasijefe controlaba a través del Semijefe, en connivencia con el Jefecillo de la Agrupación, al que yo llevaba el café, la prensa y las habladurías.

El Segundo Jefe, a su vez, tenía sus ambiciones  puestas en las prerrogativas del Supremo Jefe. Éste manejaba el hacha de los ceses fulminantes con gran habilidad y nadie perturbaba sus privilegios e influencias. Por eso, el Segundo Jefe planeaba una escisión del ala más progresista bajo el nombre de Renovadores con Base. Ironía geométrica basada en el teorema de: altura partida por la base y  me llevo el 3% de comisión.

El Supremo Jefe, con discreción política, jugaba al golf una vez al mes con el Presidente Patrio, en un club exclusivo de Marbella. Cultivaba su amistad a la espera de la alternancia en el poder y nada  perturbaba esa plácida espera.

Yo, en la base de la base – como ya le he dicho – hacía de botones, felpudo y consejero viperino, según las circunstancias. Hasta que mi inteligencia me llevó a ocupar el puesto de Jefecillo de la Agrupación, tras una votación tumultuosa y amañada en la que puse en evidencia la ineptitud de mi antecesor.

Ascendido a pantuflero y correveidile vespertino del Semijefe, le impliqué en negocios de juegos, bingos y máquinas tragaperras. Él recibía pingües comisiones de los empresarios del ramo en calidad de presidente honorario, y yo le presionaba para ser incluido en las listas de diputados a la Comunidad Autónoma. Pero, como él tenía otros compromisos con más influencias políticas, rechazó mi candidatura. Y yo, entonces, pasé información confidencial a una periodista trepa; estalló el escándalo de las tragaperras y el Semi se esfumó en  el limbo de los fracasados.

Por mi labor callada, canalla y eficaz, el Partido me asignó el papel de Semijefe y empecé a visitar asiduamente al Quasijefe en su despacho de Torre Pissarro. Éste, empeñado en alcanzar la Consejería de la Caja Mantua Carpetana, me prometió su cargo - moqueta inglesa y secretaria buenorra incluidas - si la Asamblea aprobaba la recalificación del nuevo paraíso terrenal. Entonces, contraté la empresa de detectives El Sabueso Sutil y, en pocas semanas, sabía de todas las debilidades de los diputados: negocietes promiscuos político/financieros, homosexualidades vergonzantes, ineptitudes manifiestas, utilización de bienes públicos como patrimonio familiar, etc, etc, etc.

Con tacto y habilidad moví voluntades, y la ley recalificadora salió adelante. El Quasijefe me incluyó en la lista de candidatos y me eché de amante a su secretaria por aquello del prestigio social. Todo perfecto y según el horario previsto. Lástima tanto envidioso como hay suelto.

Vistas mis habilidades negociadoras, mis compadres de Partido, con voluntad unánime, me recomendaron al Segundo Jefe. Ellos estaban interesados en alejarme de sus zonas de influencia - ¿sabe usted? - y querían ver en qué quedaba la aventura secesionista que él apadrinaba.  Así me convertí en jefe de filas de Renovadores con Base y el poder iba llegando a mis manos. El Gremio empresarial del Hormigón me nombró su asesor emérito, los Promotores Inmovilistas me pedían consejo antes de comprar terrenos, y el Empresariado Ex-agrícola me regalaba parcelitas en yermos recalificables.

La semana previa a las votaciones autonómicas, el Segundo Jefe le exigió al Quasijefe una participación en el negocio de la promoción social. A cambio le daría su voto, indispensable para lograr la Presidencia de la Caja Mantua Carpetana. Y dicen que no fue ajena a esa pretensión su mujer, la Concejala de los Pobres, que creía haber ganado la concejalía por méritos propios, y no por turbulencias de socapa y mano izquierda.

El Quasijefe, de acuerdo con mi amante, su antigua secretaria, me presionó para que liderara la secesión de Renovadores con Base. Así, el Supremo Jefe creería estar ante una traición del Segundo Jefe y le defenestraría ipso facto. Entonces, el voto para la Presidencia de la Mantua Carpetana sería emitido por una Comisión Gestora de la Caja - cuyos miembros debían favores al padre del Quasijefe –, yo llegaría a lo más alto de mi prestigio político y él se alzaría con el santo y la limosna.

Pero los entresijos de la política se mueven por extraños vericuetos, como usted no ignora. Llegó el día de las elecciones, saqué mi Acta de Diputado, proclamé la secesión de Renovadores con Base y fui el hombre más solicitado por los medios de comunicación. Me llamaban de la tele oficial; me llamaban de las cadenas privadas; se me rifaban las emisoras de radio y la prensa. Asustados, me llamaban mis jefes con promesas o amenazas. La gente, por la calle, se paraba a mi paso y me llamaba de todo... y me gustó.

Visto el ascendente social que los medios me estaban dando, empezaron a temer que las bases del partido me aclamasen como renovador de la ética ideológica; por eso, el Supremo Jefe, el Segundo Jefe y el Quasijefe se conjuraron para perderme. Para ello, recurrieron al Jefecillo de Agrupación de Barrio, un trepa sin escrúpulos a quien yo había puesto. Él sacó a la luz mis chismorreos, el degüello político del Semijefe anterior, los trapicheos inmobiliario y el golpe de mano de los Renovadores con Base. Y hasta mi amante, ex-secretaria del Quasijefe, me denunció por acoso sexual interruptus, violencia de género muy de moda y que escandalizaba mucho en aquellos días.

Me reclamaron el Acta de diputado – ya sabe Vd. cuánto me presionaron -,  pero me negué. Así que, con mi acreditación bajo el brazo, emigré a esta república centroamericana en la que ejerzo mis habilidades políticas. Debido a mi experiencia en el mundo inmobiliario, me contrataron para lavar la fachada patriótica de un militar golpista. 

Con la prensa y la televisión en manos de la oligarquía, he lanzado la campaña de “patria, justicia y pan” que ha calado hondo en el populacho. He convertido al espadón sanguinario en líder carismático, y me he retirado a mi finca. Aquí me dedico al cultivo ecológico de especies botánicas exóticas. Y, aunque mis explotaciones de cannabis sin pesticidas son un negocio floreciente, no consigo olvidar que un día fui diputado autonómico. Miro el Acta enmarcada en plata, y una lágrima de nostalgia corre por mis mejillas."

Si el improbable lector no ha entendido gran cosa, insista, insista en la lectura, que esta historia es un reflejo del juego político actual. Y si, ni aún así se aclara, es porque hay un comisario de la brigada político-social que todo lo enmaraña con sus kilómetros de grabaciones y trampas saduceas. ¡¡¡No se desanime, coño!!!

sábado, 28 de abril de 2018

Señora, levante su culo de ahí.-


Leído en el parque del barrio-
Eso han debido pensar los dirigentes del Partido en el Poder al ver el empecinamiento de la recién defenestrada, doña Cifuentes, por conservar la presidencia de la Comunidad de Madrid. Para quien observa el navajeo político con los anteojos de la edad provecta, la cosa parece evidente. En las zahúrdas del Poder, alguien ha debido pensar: sacrifiquemos el perro si queremos conservar la finca. Si a los galgos, tras la temporada de caza, los ahorcan sus dueños, a las piezas que han cumplido el juego para el que fueron colocadas en el tablero, se las sacrifica ante el peligro de que una torpeza suya ponga en jaque al rey.

Doña Cifuentes, a la que veíamos tan sonriente, tan segura de sí misma, tan dueña de la situación, resulta que no era la reina en esta partida de ajedrez, sino un simple peón que han dado a comer de una forma ignominiosa. Ni siquiera le han dado opción a una retirada digna, o al menos, discreta. Ha sido paseada desnuda, como lady Godiva, para que todos viésemos sus vergüenzas; sin la posibilidad, como la lady aquella, de cubrirse la desnudez con sus melenas rubias. Ya no importaba que sus títulos masteriles fuesen verdad o apaño – eso ya es pecata minuta –, es que la pillaron llevándose dos botes de crema del súper hace siete años. Y aunque los pagó, supongo que con desgana y por evitar escándalos mayores, alguien guardó una copia del vídeo por si hacía juego, en caso de urgente necesidad.

Y, sí, la necesidad política ha exigido poner en juego aquel vídeo ominoso. Había que echar al perro de la finca so pena de perder la finca por culpa de los ladridos del perro.

Estos días, este jubilata, que siente compasión ante la desgracia ajena, lee por esos andurriales internauticos, por las redes sociales, ve en la tele y escucha a las gentes, cómo la Cifu (ya hasta el “doña” le hurtaremos) mangaba cosas en el colegio mayor que dirigió en tiempos; sus compañeros de máster echaban de menos objetos cuando ella estaba presente y, ya puestos, era una cleptómana empedernida que, seguro, seguro, se llevaba los lápices de su despacho y el papel de la fotocopiadora.

Pero, como no todo es un lodazal, a veces, uno encuentra alguna margarita entre las hozaduras de los puercos. Y eso en los lugares más insospechados. Por si el improbable lector no lo ha oído, el Pablo Iglesias, ese arquetipo del “izquierdismo radical” en cuyas manos no debía caer el gobierno de Madrid, según la defenestrada, dijo que en política hay límites, y destruir a un ser humano es inaceptable. También en un artículo, Juan Torres se pregunta sobre el límite de la maldad en política. Y a este jubilata, que le ha pillado la cosa en fase compasiva, le ha parecido bien que sean los oponentes políticos quienes muestren empatía con la exluchadora neoliberal. Porque la individua, dura ella, no ha caído en la lona noqueada por un contrincante, sino por una zancadilla del palanganero que cobra de la nómina de los fondos de reptiles. Siempre al servicio de los altos intereses de la patria, claro está.

En fin, no se sorprenda el improbable lector de lo leído, este jubilata sigue siendo un progre escorado a la izquierda. No olvida que doña Cifuentes estuvo al frente de la policía cuando fue delegada de gobierno y que reprimió sin contemplaciones los movimientos populares en torno al 15-M. Todavía en casa recordamos su dureza y recibe las pertinentes maldiciones por ello. Pero el sentido de humanidad nos obliga, al menos, a no alancear al moro muerto. Para cleptómanos - piensa este jubilata - los banqueros.

Que, mire usted, apreciado aunque improbable lector, la señora tendrá sus trapacerías, pero lo cortés no quita lo valiente.

lunes, 16 de abril de 2018

Titulitis.-


Mira que uno no quiere meterse en estos asuntos porque son carnaza para dar titulares, vender noticias y afear reputaciones (aunque nadie dice que sin razón o con ella), pero, como este escribidor de cosas no vive en el paraíso, no tiene más remedio que chapotear en la misma charca que el común de los mortales.

Viene al caso por el asunto de doña Cifuentes y su inexistente – al parecer – titulo de máster en Algo por la Universidad Juan Carlos I. Y no sólo por la señora citada, sino por todos los políticos que, a la vista de lo que truena, han ido borrando discretamente títulos en Esto o Aquello de sus currículos vitae.

Alguien debería decirles, a estos políticos que hacen de la política un oficio de relumbrón y no un servicio, que estar súpermasterizados o pluritititulados no ayuda demasiado al recto funcionamiento de la cosa pública, aunque sí al engorde de sus egos. Que la buena gestión de los asuntos públicos se puede sacar adelante con algunos títulos menos en la cartera y con mayor compromiso con el bien común de los ciudadanos.

Pero, no habiendo más remedio que aceptar como inevitable la vanidad de los hombres públicos (ellos y ellas), este jubilata cree haber encontrado un remedio, hasta donde llegue, para dotar de títulos a algunas Señorías que padecen de escasez curricular y gustarían disponer de alguno que les de brillo y esplendor ante sus pares.

Y el remedio consiste en transferirles todos mis títulos académicos y de formación que he ido acumulando a lo largo de mi vida. Títulos que me comprometo a cedérselos gratuitamente, con la sola condición de que sean ellos quienes paguen los gastos de notaría, si los hubiese, para legalizar su transferencia.

Después de registrar las zahúrdas donde el naufragio de la vida vivida ha ido depositando los diplomas: armarios, cajones, altillos y otros recovecos, un servidor tiene el gusto de poner en almoneda sus títulos. Tales como: Títulos de Bachiller Elemental y Superior; Licenciatura en Fª y Letras por la Complu, de 1975; Diplomado Documentalista por la extinta Escuela Nnal. de Documentalistas, de 1977; Diplomatura de la Escuela Supr. de Conservación y Restauración de BB. Culturales, de 1998. Aunque todos ellos son del siglo pasado, su valor académico y legal siguen operativos. Eso sin olvidar un titulito de la Aliance Française de París, de 1980, y un DELF A2 del Institut Français de Madrid.

Del siglo corriente: Licenciatura en Geografía e Historia por la UNED, del 2002; CUID Francés unos tres años después (creo); más un par de títulos de la Academia Vivae Latinitatis Matritensis; más una docena larga de certificados de la UNED Senior en materias varias (a consultar en caso de estar interesados).

A todo lo cual habría que añadir una veintena (así, a bulto y como poco) de certificados de la Escuela Nnal. de Administración Pública, del Ministerio de Educación, de la Biblioteca Nacional y de otras instituciones de la Administración Central; y entre ellos, el muy curioso, por lo arcaico, de “Introducción al MS2”, pura arqueología de los sistemas operativos para computadoras personales, cuyo poseedor podrá presumir de ser descubridor de la escritura lineal B micénica, como lo fue Michael Ventris, pero en los rudimentos del lenguaje numérico.

Créame el improbable lector, este jubilata saca a la plaza pública sus titulanda no por presumir como un político del montón, sino para ofrecerles la posibilidad de lucir un título que no se han currado, pero legítimo. A las alturas de la vida por las que va transitando, un servidor no necesita más título que el de Pensionista de la Seguridad Social, con derecho a subida del 0,25 % anual, si la ministra Báñez y la Virgen del Rocío (patrona de supervivencia de currantes y jubilatería en general) lo tienen a bien.

Lo dicho, señores políticos de casta y currículo fláccido, pueden disponer a placer de todos los diplomas de este jubilata, quien se los ofrece sin contra prestación. Solo para que no nos avergüencen a los ciudadanos con su vacuidad y falsa presunción, ni destrocen la honorabilidad académica de las universidades públicas españolas.

No lo dejen para mañana, que me los quitan de las manos.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Cuando todo es normal.-

Estas semanas atrás pensábamos que el mundo sería inhabitable y se nos abrirían las carnes si salía elegido Donald Trump. Pues ya está hecho, las clases medias americanas se han cabreado y nos han parido este híbrido capitalista/antisistema, ¿y ahora, qué? ¿Nos echamos a temblar o nos quedamos a ver el espectáculo que promete? Un servidor se ha palpado sus viejas carnes bajo la ropa por ver si las tenía muy laceradas tras el nombramiento del susodicho, y descubre con incredulidad que ni un rasguño, ni una magulladura, aparte las naturales flaccideces propias de la edad.

Por reducir la cuestión a magnitudes domésticas, nada como buscar un parangón del Trump ese con un personaje similar, pero de cosecha propia, que lo sitúe dentro de límites mentales abarcables por un beneficiario de clases pasivas. Y casi sin pensárselo, surge el paralelismo entre Jesús Gil y Donald Trump: ambos enriquecidos con la especulación mobiliaria, ambos deslenguados y ostentóteos, ambos populacheros y vulgares, ambos elegidos por el pueblo soberano (sí, sí, por ese pueblo dotado de raciocinio) para cargo público: el uno alcalde de Marbella, el otro presidente de los EEUUAA. Cada cual en su esfera, pero de similares hechuras. Lástima que por este camino de las vidas paralelas no pueda uno seguir porque ya lo han explotando los de la prensa.

Lo que sí admira a este jubilata es que los bienpensantes del sistema se echen las manos a la cabeza y canten jeremiadas, amenazándonos con los terrores del milenio porque un ricachón yanqui que va de tremebundo vocifere enormidades.  A este jubilata, sentado en su rincón de observar el mundo, le parece, para empezar a poner las cosas en su sitio, que lo de Trump – una vez silenciada la trompetería - no será tan diferente para la supervivencia del sistema tal como lo conocemos, porque no es cuestión de calidad sino de cantidad; él no será peor que lo que nos toca vivir, sino más bruto.

Antes hubo otros como él. Así, como ejemplo fácil, el susodicho Jesús Gil en estos pagos y Berlusconi en Italia. Ambos habrían pasado por personajes antisistema si la palabra hubiese estado de moda en aquellos entonces. Pero todos sabemos que aquel campechanote Y tal y tal, no era más que el subproducto de una España del ladrillo y el pelotazo, como el sátiro Berlusconi lo fue de la corrupción política y financiera italiana y de la podredumbre y agotamiento de la democracia cristiana. Ambos, en la medida de sus posibilidades, hicieron de su vida un espectáculo gratuito y dieron mucho juego a la prensa, tan necesitada de aumentar su audiencia, creando un caldo de cultivo donde germinaran, como infusorios, legiones de  papanatas que aplaudieran las ocurrencias de uno y otro. Solo se asustaban los timoratos, se escandalizaban los bobos, mientras que la gente del común admiraba los huevos que le echaban a la vida aquellos fantoches. Trump, por el estilo, dice a las gentes desencantadas lo que quieren oír y exhibe riquezas horteras, fama televisera y una colección de tías buenas: el ideal al que aspira cualquier parado en la cuneta laboral.

Entre calificarlo como “antisistema”, como dice por boca de ganso algún político español, o “subproducto del sistema”, creo que lo segundo le conviene más. Dicen los que saben de estas cosas que estamos asistiendo a algunos síntomas de agotamiento del sistema: el Brexit, los nacionalismos tipo Le Pen o los neofascismos de algunos países europeos, sin contar la desesperanza de las clases medias (que se enrabietan y votan lo que votan). Si partimos del supuesto que la hidra capitalista regenera y multiplica sus cabezas cada vez que le cortan una, el míster Donald es un producto típico del Todo a 100 del capitalismo populista. Alguien que por poco precio desvía la indignación contra el sistema y encauza las frustraciones de las masas hacia objetivos que no son la causa de sus males sino su consecuencia. Lo del muro contra México es de manual.

No puede este jubilata ponerse docto en material tan compleja, pero le resulta claro que Trump está ahí, dispuesto a alborotar un rato el cotarro internacional y desviar atenciones, mientras esa máquina de acumular riquezas que llamamos el sistema, inventa un bálsamo de Fierabrás que sirva para bizmar las magulladuras de una sociedad que ya no cree en instituciones, idearios políticos ni nobles ideales, porque todo ha sido arrasado por la apisonadora neoliberal y convertido en bonos convertibles o fluctuaciones de Bolsa.

Quien esto escribe, pasado el primer susto, mantiene su habitual pesimismo de plantilla. Las masas medias americanas vociferarán contra inmigrantes o musulmanes bajo la mirada complacida del nuevo presidente, pero sus empresas seguirán deslocalizándose para terminar en Monterrey o cualquier otro estado mexicano, a pesar del muro que el antisistema Trump dice querer levantar. El TTIP seguirá su camino porque a los que han puesto los dineros para la campaña antisistema de Trump así les interesa. En el futuro gobierno de Trump entrarán como en tromba destacados antisistema ultraconservadores, banqueros, empresarios y negacionistas del cambio climático. El sistema, por no darle más vueltas, se disfraza un ratito de antisistema para seguir su imparable camino hacia un mundo globalizado en forma de paraíso fiscal exclusivo.


Pasados estos alborotos, las cosas volverán a su cauce, aunque con otra vuelta de tuerca que nos acogote un poco más. Todo seguirá su plácido discurrir hacia el control de las masas/ganglio amorfo. Y no lo digo por ser adivino, sino porque esa misma mañana del triunfo de Trump, mientras digería lo de las angustias antisistema, una empresa de las de venta por teléfono ha llamado a casa para ofrecernos calcetines relajantes. No los hemos comprado, pero saber que los mercados siguen a lo suyo nos ha dado mucha tranquilidad.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Ética, estética y política.-



No será un servidor quien insista sobre lo del caso Bárcenas ni saque una letanía de nombres del PP con los sobresueldos que trincaban, o sobre cogían, o como quiera que sea la denominación técnica que convenga al caso. Hiede a alcantarilla sin ventilar. El asunto sobrepasa la capacidad de comentarios de esta modesta bitácora, aparte que insistir en ello aquí sería una redundancia en tono menor que no aportaría nada, así que este jubilata decide ir por libre y fijarse en un aspecto que a nadie parece interesar.

Si le digo al improbable lector que esta calamidad política de sobre cogedores se debe – no lo afirmo, solo lo supongo – a que en la sede de la Gaviota nadie ha leído con provecho a Platón o Aristóteles, seguro que se me descojona entre espasmos de risa.

Pues, mire usted, dándole vueltas al asunto, me ha parecido que no era tanto disparate. Ya sé que un político leyendo La República de Platón o los Libros de Política de Aristóteles, en lugar de tuitear desde el escaño, es una imagen atípica, atópica y anacrónica. El escaño es – según sus detentadores – esa plaza de político de carrera que se adquiere en propiedad y, con todas las sinecuras y prebendas habidas al caso, sirve para aplaudir a los primeros espadas propios, abuchear a los de enfrente, darle al botón del sí o del no según la consigna recibida, y bostezar durante las largas sesiones de debate. Aparte el trinque de la pasta, cuando hay ocasión y merecimientos, que no todos se aferran al trinquete.

Pero, no. La política es algo digno y tiene mucho que vez con la ética, la justicia y con la sabiduría. No tiene más que leerse lo que dice Platón en su Carta VII: “Y me vi obligado a reconocer, en alabanza de la verdadera filosofía, que  de ella depende el obtener una visión perfecta y total de lo que es justo, tanto en el terreno político como en el privado, y que no cesará en sus males el género humano hasta que los que son recta y verdaderamente  filósofos ocupen los cargos públicos, o bien los que ejercen el poder en los Estados lleguen, por especial favor divino, a ser filósofos en el auténtico sentido de la palabra”.

Ya sé que pretender de los políticos que sean filósofos o amantes desinteresados de la justicia es pedir peras al olmo, pero, al menos, no deberían olvidar lo que afirma Aristóteles. Éste asegura que la política va estrechamente unida a la moral porque el fin último del Estado es la virtud; política es la formación moral de los ciudadanos y del conjunto de los dirigentes necesarios para su ejercicio. La política, como ejercicio moral, es un conjunto de normas que rigen las relaciones sociales porque su objeto es alcanzar la virtud, y la justicia es su mayor exponente. Total, que ser político, justo y virtuoso viene a ser lo mismo. Ahora, vaya usted a Génova, 13 y trate de explicárselo.

Pero, para este jubilata, que ve el asunto como muy complicado de entender por la grey neocon, no se trata de comportamientos éticos, sino de pura cuestión estética. ¿Puede nadie imaginarse nada más antiestético que el trinque de sobres llenos de pasta? Esos señores tan importantes que se ensobran en el bolsillo puñados de pasta gansa, la verdad es que quedan de lo más antiestético y vulgar. Y resulta estéticamente impresentable que, quienes acaparan dineros que no se han ganado limpiamente, sean los mismos que exigen sacrificios a los ciudadanos y les recorten derechos sociales. A este jubilata le parece de lo más necio, tosco y ordinario, aparte otras consideraciones.

Por eso, aunque solo sea por no quedar feos ante los ciudadanos, los políticos deberían entender el ejercicio de la política como una cuestión ética, donde lo que importa no es el medrar, sino el bien común de todos los miembros de la sociedad. Lo mismo que visten trajes caros y van a su trabajo aseados y bien perfumados, deberían andar con los entresijos de la conciencia sin cascarrias. Porque, aunque no se lo crean, la vulgaridad de “todo por la pasta” es algo muy antiestético y ordinario, y la gente de a pie se está dando cuenta.

Como decía aquel personaje: ¡Un poco de por favor!

lunes, 27 de junio de 2016

Cuando el respetable pide caenas.-

Debió ser el 5 de mayo de 1814 cuando Fernando VII salió triunfante de Valencia hacia Madrid. La plebe enfervorizada, que veía partir al Deseado, desunció el tiro de caballos de la carroza regia para, como acémila colectiva, tirar de aquélla con entusiasmo. Camino real adelante, ¡Vivan las caenas!, dicen que decía el pueblo soberano.  

Debió ser un 23 de junio (transcurridos ya un par de siglos) cuando los rubios hijos de la pérfida Albión votaron aquello que se había dado en denominar Brexit, a lo que, según dicen, siguió su contrario, que por nombrarlo de algún modo, llamaron Bregret. Incluso, se comentaba en los mentideros periodísticos hispanos, la colonia gibraltareña lamentó, cuestión de apenas un cuarto de hora, estar bajo la enseña de la Union Jack.

Según parece, también aquel mes de junio de aquel mismo año, un día 26, un conglomerado de pueblos sumisos que vivía al norte del monte Calpe - al que los anglos conocían como the Rock - fue a las urnas para decidir que más valía lo malo conocido que lo bueno por conocer; que los experimentos políticos, con gaseosa; y que produce menos desazón un  trinque como los de toda la vida de dios que no un sorpasso de cuatro bolivarianos irredentos, o las ocurrencias de unos sociatas desnortados. Ese día, según cuentan, las gaviotas se pusieron moradas de revolotear por los azules peninsulares.

Este jubilata, claro está, habla de oídas y no por autoridad. Tales sucedidos debieron ocurrir en tiempos pretéritos y solo queda testimonio de ellos en viejos centones de polvorientas bibliotecas. Hoy en día, demócratas de toda la vida, los ciudadanos razonan sus actos políticos y no tiran, como animales de traílla, del carruaje de un individuo de corona en colodrillo, ni premian a quienes esquilman las arcas públicas en ejercicio de su derecho de pernada, consolidado por el hábito del mando a perpetuidad.

Y dirá el improbable lector que a qué coños viene emplear ese lenguaje tan afectado. Pues viene, con su licencia, a que un servidor anda estos días embebido en la lectura de La Fontana de Oro, de Galdós, (también conocido como don Benito el Garbacero), y se le salen por todas las costuras del teclado los modos literarios decimonónicos. Pero será por poco rato, que Galdós es muy escritor y mucho escritor, y otros no sabemos ni apreciar la belleza verdeante de un campo de alcachofas.

Por eso, lector improbable o habitual, no te tomes muy en serio lo que aquí se dice. Pero que lo sepas: este jubilata, aficionado a las viejas historias, echa de menos un Manifiesto de los Persas, redactado por serviles que lo justifiquen, previo a ese acarreo de millones de votos populares que tiran con entusiasmo del carromato de una política neoliberal por  los malos caminos de una Europa que se resquebraja.

Claro que, según se ha dicho más arriba, esto de los votos tirando de un carro traqueteante, en realidad se trata de algo que sucedió en tiempos pretéritos. A partir de ahora, aquí, en estos tiempos, ataremos los perros con longaniza o con largas ristras de chorizos, según se mire. Y por muchos años, que la soberanía popular así lo demanda.

lunes, 16 de mayo de 2016

Aprendiendo palabras.-

Eso de empezar el texto con un gerundio es como para no seguir leyendo. Más aún cuando se reincide: se comienza el título con uno y se termina la frase con otro. Pero, por favor, ocasional lector, no lo tomes a mal, de alguna forma hay que arrancar.

Por eso es bueno aprender palabras nuevas, sobre todo cuando el aprendizaje se hace a partir de la actividad política nacional. Ya que la vida política de esta España, "este país" o como quiera que se le llame, no da más de sí, moviéndose entre el déjà vu y el escándalo nuestro de cada día, al menos que nos enseñen nuevas expresiones. Será lo único interesante que uno saque de la política nacional.

Y haciendo un  inciso, aunque viene al caso, este jubilata se lo pasó muy bien oyendo/viendo la tertulia de La Noche en 24 Horas en la que un podemita decía de vez en cuando “este país, este país” y un contertulio en vena patriótica le iba contando las veces que no decía “España”. “Oiga, fulano - le reconvenía al final de la perorata - usted acaba de no decir “España” seis veces seguidas”, y adoptaba un gesto de dignidad nacional ofendida bajo su canoso bigote. El otro seguía a lo suyo, que para eso tenía cancha libre y nadie le interrumpía con el manido: ¡Y tú, Venezuela!

También me recuerda la cosa – la política y los sentimientos patrióticos dan mucho juego – cuando, a veces, he comprado productos catalanes en el súper, he leído la etiqueta, y ponía made in Spain, como cosa de país extranjero. En esos casos me ha dado por pensar si no recuerdan que aquellas tierras empezaron a tener entidad propia siendo la Marca Hispánica carolingia. Pero eso de la fibra patriótica es algo muy de cogérsela con papel de fumar, que incluso me han censurado con tachaduras la publicación de una entrada, que llamé “La lupara y la tecla”, porque me permití alguna ligereza zarzuelera en asunto tan serio.

Bueno, sigamos… Lo que de verdad me ha llamado la atención, y posiblemente lo único de interés en la vida política de estas últimas semanas, es que los podemitas, por boca de su mesías, han puesto en circulación una palabra que, como italiana que es, suena la mar de bien: Sorpasso. Francamente, me ha reconfortado saber que no recurrían a la habitual angliparla para introducir nuevos conceptos. Sorpasso = adelantamiento

Se ve que sus inventores quieren dar un acelerón y adelantar a otros competidores en el número de votos y, por ende, escaños. Lo que, a renglón seguido, ha provocado un solidario gesto de compasión de las fuerzas conservadoras hacia la exigua Izquierda Unida. Nunca hasta ahora los ciudadanos habíamos asistido a unas muestras de preocupación tan desinteresada de la derecha española respecto al porvenir de nuestro pequeño partido comunista y de ese muchacho descarriado, de nombre Alberto Garzón. Según se lamentan apenados tertulianos de pesebre mediático y políticos dextrógiros en precampaña, la caperucita roja de Izquierda Unida va a ser triturada entre las moradas fauces podemitas y entonces, ¿qué va a ser de nuestros entrañables izquierdistas de toda la vida?

Y eso que la parábola para ejemplificar el supuesto desastre de la izquierda tradicional marxista ya está implícita en la palabra sorpasso; pero, claro, hay que caer en ello, y los voceros del cotarro patrio están demasiado ocupados intentado salvar del naufragio a nuestra pobre izquierda descarriada. Sorpasso es el título de aquella película de Dino Risi en la que un Vittorio Gassman/Pablo Iglesias, cuarentón y a por todas, invita a subir en su descapotable a un estudiante en época de exámenes, Jean-Louis Trintignant/Alberto Garzón, para correr locas aventuras durante el ferragosto romano.En plan jóvenes alocados, se toman unos botellines, pisan el acelerador, se lo pasan de p. m. y se dan una castaña que deja al ingenuo estudiante para el arrastre. A poco que se observen las concomitancias, hasta lo de los exámenes y el ferragosto coinciden: elecciones y en verano, que no se pueden manifestar con más claridad las coincidencias que el hado dispone.

Claro que nuestra derecha está más por Los Santos Inocentes, trinque ibérico y cortijo en paraíso fiscal. Lo suyo es tener a jornal a Paco el Corto y a Régula para que no vivan por encima de sus posibilidades, mientras el señorito va a sus cacerías offshore de contratos amañados, comisiones al 3%, recortes laborales, austericidio y defensa de los valores tradicionales. Pero, como parece haber ignorado el sorpasso de Dino Risi tanto como haber olvidado el final de los Santos Inocentes, luego se lleva una sorpresa cuando el tonto del lugar, el pobre Azarías, cuelga al señorito de una encina porque le ha matado la milana, y éste, mientras da zapatetas en el aire, nos hace recordar aquello que decía de sí mismo el poeta François Villon:

Au bout de la corde d´une toise
Mon cou saura ce que mon cul pèse
(En el extremo de la cuerda de una toesa, mi cuello sabrá lo que mi culo pesa)


Y ya sabemos que nuestros próceres del "todo por la pasta" se nos han puesto un poco fondones tras estos últimos años de barra libre.


domingo, 14 de febrero de 2016

Quién paga los platos rotos.-

En estos pasados días carnavaleros de titirimundis callejeros acogotados por la pesada maquinaria oficial anti Gora-Alka-Edarra, que hila poco fino en cuanto alguien se sale del camino trillado, preocuparse por la salud económica del Deutsche Bank parece cosa de frívolos ociosos. Más todavía cuando quien lo hace no tiene idea de provecho sobre ese mundo de las altas finanzas; ni ideas, ni conocimientos, aunque sí una cierta preocupación que le reconcome porque, si el Deutsche peta, nos encontraremos ante un déjà vu que nos va a salir por un ojo de la cara, como el que aún estamos pagando. Y además, no habrá cuerpo social que aguante otro envite parecido.

La cosa fue que, huroneando por Internet a la busca de información paralela, o divergente, de la que se cocina en los pesebres mediáticos, mediatizados por los capitales de la industria de la información, o por el fondo de reptiles de las zahúrdas ministeriales, este jubilata fue a dar con una noticia económica sobre los malos resultados del Deutsche Bank, ese acorazado desde el que la Alemania industriosa enseñorea Europa. Dice la noticia que el 2015 fue el año con las mayores pérdidas de su historia, con un agujero en su casco de 6.700 millones de euros.

Uno, en su ignorancia de estas materias, no tiene muy claro qué significa eso de que “los CDS (acrónimo de credit default swaps) del gigante bancario alemán se han disparado hoy 32 puntos hasta los 222 puntos básicos”, y que la prima de riesgo del Deutsche se ha cuadruplicado. Pero ignorar las claves de esa parlería economicista no impide que, a quien lo lea, se le pongan los pelos como escarpias si se para a pensar que ya en el 2008 nos hablaron de credits defaults, subprimes, bonos basura, y de unos tales Lheman Brothers y Goldman Sachs (que debían ser una especie de Deutsche Bank, pero en versión yanqui). Un pepinazo en su línea de flotación hizo que todo el mundo capitalista se pringara de la mierda acumulada en su sentina, y todavía hiede ocho años después.

Imagino la cara de susto que se le pondrá al improbable lector cuando se entere que los swaps sobre la deuda subordinada de un banco tan serio como el Deutsche, orgullo de la economía alemana, ascendieron 56 puntos hasta los 441. Por su culpa, los títulos de la deuda de más riesgo del banco alemán bajaron hasta un mínimo de 70 céntimos, el Dax germano bajó un 3,3% al cierre de la bolsa y aquí, el Ibex 35, un 4,44%, lo que nos tiene la economía en un sinvivir. 

Además, ya sabemos que cuando el Ibex 35 se constipa, los políticos serviles de Hispanistán le ponen parches Sor Virginia que pagamos los hispanistanes a escote. Así que, cumpliéndose la teoría del aleteo de la mariposa que levanta huracanes, como llegue a petar el gigante alemán, aquí nos va a sacudir tal maremoto el chiringuito playero que no va a quedar títere con cabeza.

Por eso, de verdad, un servidor entiende a los políticos de la casta: Entre el sinvivir de los casos de corrupción, las Ritas a las que hay que blindar ante las pesquisas judiciales, los flacos resultados electorales que no dan para apalancar la sinecura del cargo - por un lado -, y el Presidente del Eurogrupo, el impronunciable Jeroen Dijsselbloem, exigiendo un nuevo recorte de 10.000 millones de euros a España - por el otro -, amén el pufo que puede suponernos el desparrame del Deutsche, echar mano de unos titiriteros callejeros (encima contratados por la roja de la Carmena) es un recurso inmejorable para que el respetable no se entere de la misa la media.

Pero ya sabemos que el capitalismo es como la hidra a la que Hércules iba cortando cabezas: por cada una cercenada, le salían dos. Y si no, no hay más que venir a mi barrio. En la sucursal del Deutsche Bank de la Avenida Donostiarra están haciendo obras de remodelación, y eso a pesar de todos los credits defaults swaps, del agujero de 6.700 millones de euros y de sus batacazos en Bolsa. Y si la cosa de la macroeconomía se hace de nuevo añicos, pues no pasa ná; aquí estamos para pagar los platos rotos y lo que ustedes gusten mandar. Siempre se podrá echar mano de algún antisistema con rastas o de algún titirivaina a los que colgar el sambenito goralkaetarra... y el retablillo de don Cristobal y sus héroes de cachiporra continuará como si nada.

Ante todo y sobre todo, en defensa de los valores de Occidente. Claro está.

lunes, 25 de enero de 2016

La lupara y la tecla.-


Es conocida la anécdota de Felipe II recomendando sosiego (Sosegaos, sosegaos y decid qué queréis…) a quienes se presentaban ante él en audiencia, anonadados por la majestad del hombre más poderoso del mundo conocido. 

Un poco de sosiego en estos días de estratégicas componendas, de provisionales posiciones políticas de farol, de insinuadas alianzas y globos sonda a ver qué dicen los otros, no nos vendría mal a los ciudadanos. Lo digo porque el cotarro mediático y los mayorales del cortijo patrio andan propalando la sospecha de que el personal empieza a sentirse  arrepentido de haber votado lo que ha votado en diciembre pasado y haber convertido en olla de grillos eso de la gobernanza del país.

¡Sosegaos, coño!, entran ganas de decir a los omniscientes tertulianos de plantilla, a los periodistas de pesebre y fondo de reptiles y a los telediarios de chafarrinón y refrito. ¡Sosegaos, pardiez! Quinientos días estuvieron en Bélgica sin gobierno y el país funcionó tan ricamente; bajó el paro, subieron el PIB y el salario mínimo, aparte otras alegrías, ascendiendo varios peldaños la escalinata que lleva al paraíso neoliberal por delante del resto de Europa.

Aquí, igual. Paciencia y barajar, a ver si nos salen tríos y ases, porque Mariano ya sabemos lo que ha dado de sí y no es cuestión de repetir, que estraga. Veamos qué deciden los de naranja, los de morado y los de rosa en puño; cómo se lo montan, en qué cama se meten y con quién, si hay ménage à trois o acuerdo prematrimonial con divorcio pactado.

Y mientras tanto, a lo mejor se arregla lo del paro ello solito, Santiago y cierraespaña nos milagrea el país y desaparece la lepra de la corrupción, y los españolitos de a pie ganamos varios puntos en el índice internacional de felicidad. Todo menos echarse al agro y tirar de recortada para cazar al oponente político como si fuera alimaña dañina. 

Que parece mentira que haya que decirlo desde una bitácora de un jubilata: que el oponente político no es el enemigo al que eliminar físicamente, darle mulé y olvidarlo en la fosa común. Que luego los muertos son muy suyos y dan mucha guerra; que ya lo ves, los de las fosas franquistas salen de sus agujeros, reclaman sus fueros y niegan el olvido en que los teníamos. 

El de la camiseta con círculo morao y pantalones de mercadillo es un tipo al que unos millones de ciudadanos, a lo mejor amilagrados, tuvieron la ocurrencia de votarle a ver qué pasa cuando saltan por el aire las mayorías absolutas, tan cómodas para legislar, y se acabó el apretar el botón, repantigado en el escaño - traje sastre y corbata de seda - y hay que pararse a discutir una ley ("consensuar" lo llaman) todo el tiempo que haga falta. 

Ya te digo, colega, menos darle gusto al gatillo de la lupara y más darle a la tecla de explicar ideas; menos “después de mí el diluvio” genovés – que ya lo dejó dicho el Rey Sol y murió de venéreas – y más respeto por los ciudadanos que, hartos, votaron para botarles, porque prefieren los leones de las Cortes con rastas de perroflauta mejor que con sobres barceneros y fugas de patrióticos capitales a paraísos fiscales. 

Porque, la verdad, cada vez que aquí se habla de patria con muchos signos de exclamación y se carga la lupara, la gente se mosquea mogollón, o sea. Patriotas son los Pujoles y eso no les ha impedido ordeñar la ubre de la vaca Catalunya Llura hasta exprimirle el 3% de todo capital que se menea en aquella su madre patria; patriota es el hijo de los archipatriotas Aznares y eso no le impide recomendar a sus amigos de pasta larga y maneras de carroñero la ruina para esta España donde pululan rojos de diversos pelajes.

Porque lo de los desfiles con la cabra de la Legión y el zarzuelero "Soldadito español, soldadito valiente...." toca mucho la fibra patriótica y todo eso. Pero anda y háblale de ardores patrióticos al parado de larga duración, al desempleado sin subsidio para sobrevivir o al que no puede pagar el recibo de la luz en invierno... Luego hay gente que va y se queja porque algunos descarriados votan lo que votan y porque hay tanto podemita por ahí suelto que, para más coña, se pasa lo de la lupara por el círculo como si se tratase de la bravuconada  de un mosquetero avinado. 

Se ve que esos antisistema se conocen el soneto con estrambote que Cervantes le dedicó al túmulo de Felipe II:

...y el que dijere lo contrario, miente.
Y luego, incontinente,
caló el chapeo, requirió la espada
miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

sábado, 16 de enero de 2016

De nadaísmo y pelambres.-


Un compañero de curso de la Uned Senior me envía un correo advirtiéndome que este fin de semana se organiza en la Arganzuela un Versódromo con homenaje incluido al Nadaísmo en su Tercera Internacional. Eso de que haya un lugar donde este fin de semana – mientras esto escribo – se corran versos y se homenajee una postvanguardia es algo que reconcilia con la realidad circundante y nos recuerda que ésta no se limita al sobado trajín político de estos días, altercado de corbata o greña, que se cuela por nuestros televisores.

No en vano los organizadores presentan el evento como poesía para autogestionar sentimientos, poesía para el desarraigo mental. Lo cual tiene mucho que ver con el movimiento nadaísta, nacido en Antioquia, Colombia, en 1958, en cuyo manifiesto se dice que El ejercicio poético carece de función social o moralizadora. Es un acto que se agota en sí mismo, el más inútil del espíritu creador.” No sé al improbable lector, pero a un servidor, que un grupo de frikis se dediquen todo un fin de semana a poetizar celebrando una corriente de iluminados postvanguardistas que hicieron de la Nada su manera de estar sobre la tierra, le provoca simpatía.

Simpatía por su propósito de romper con una realidad circundante bastante ramplona, empeñada – por lo que a nosotros toca – en macroeconomías como excusa para repartos asimétricos de cargas; alimentada de escándalos de corrupción que ya aburren más que indignan, y hastiada de patrias fragmentadas o indisolubles y kilómetros de banderas fabricadas en talleres de confección chinos. Los nadaístas, en su inocencia, afirmaban  no dejar una fe intacta ni un ídolo en su sitio. No se puede menos que empatizar con ellos, puesto que aspiran a iconoclastas, a rompedores de los ídolos que enajenan nuestro horizonte mental.

Ver nuestra vida política, tras las últimas elecciones, reducida a un hemiciclo donde los grandes debates iniciales tienen como objeto las pelambres de los nuevos diputados o que una diputada traiga colgado un mamoncete de la teta nutricia, o los comentarios sobre la higiene capilar de los bisoños, es más cosa de corrala que de Congreso. A lo mejor, para que haya un poco de sosiego y se esté a lo que hay que estar, convendría que los nuevos asegurasen a los aposentados aquello que dijo el Caballero de los Espejos al de la Triste Figura: Confiesoque vale más el zapato descosido y sucio de la señora Dulcinea del Toboso que las barbas mal peinadas, aunque limpias, de Casildea. Si las rastas van limpias, si las camisetas de mercadillo no resudan sobaquina, si, lo que es más importante, las conciencias y las faltriqueras no huelen a mangancia, comisión al 3% y trapicheo, pues, Señorías de la vieja hornada, déjenlo estar.

No conviertan ustedes el parlamento en lo que Gracián llamó plaza del populacho y corral del vulgo, y no por las vestimentas, sino por las actitudes. Ya que todos, los de trapillo y los de traje Cortefiel, van a jugar el papel de padres de la patria, que no haya que decir de Vds. que todos eran hombres a remiendos… Hablaba uno por boca de ganso y otro murmuraba con hocico de puerco. Estaban divididos en varios corrillos, hablando, que no razonando.

Deducir del aspecto descuidado la valía personal no es de personas avispadas; es, en opinión de este jubilata, cuestión de clasismo rancio, de cuando Fernando VII usaba paletó; quien no se viste de terno y corbata para ir a apretar el botón en el escaño no es porque no le llegue el sueldo, es porque pasa de pasar por un burgués aposentado en el sistema; y los nuevos, que van de transversales en lo social y de antisistemas dentro de un orden, tienen su propia estética. Y a algunos nos gusta. Este jubilata, sin ir más lejos, no tiene una puñetera corbata en su fondo de armario, aunque sí unos cuantos jerséis y una chaqueta de pana con coderas, como cuando Felipe se codeaba con Willy Brandt y nos hacía creer que era socialista. 

Sea como fuere, la señora vicepresidenta Villalobos debería estar tranquila; antes se le pegaría la ideología de los desgreñados que no la pediculosis. Y la cosa no lleva trazas...