domingo, 30 de mayo de 2010

Caminata por el barranco de Yuba.-

La primavera es una época apropiada para caminar por estas tierras sorianas próximas a Medinaceli. Es una comarca donde sus pueblos se fueron deshabitando de cincuenta años a esta parte hasta caer en el total abandono. Sus despoblados, apenas un puñado de casas en cada núcleo, se van desmoronando con el paso de los años. Entrar en aquellas antiguas viviendas ruinosas y ver sus viejas cocinas con sus alacenas, sus hornos, sus habitaciones, produce esa sensación que debieron sentir los románticos decimonónicos ante los viejos castillos derruidos. Una sensación de fugacidad y de provisionalidad de todo proyecto humano. Pero nosotros no hemos venido a llorar añoranzas de tiempos periclitados, sino a disfrutar de la naturaleza y el paisaje.
Comenzamos la caminata en Jubera, pueblo cercano a Medinaceli, próximo a la autovía de Zaragoza. Está en la orilla izquierda del Jalón y pasa a su lado la línea férrea. Llama la atención este pueblo, apenas 20 habitantes en la actualidad, por su unidad urbanística, que responde a la decisión de su señor, en 1782, el obispo de Sigüenza don Juan Díez de la Guerra, de levantarlo de nueva planta. Un hermoso escudo nobiliario con capelo y cordones, sobre un gran edificio con aspecto entre palacial y monástico, recuerda quién enseñoreaba estas tierras.
Un repecho nos lleva hasta el pie de la autovía, que cruzamos por un acceso subterráneo. Bajamos hacia los campos cultivados de cebada, que forman manchas como lagunas de un verde vivo y luminoso. Nuestro camino nos lleva hasta el despoblado de Las Llanas, un pueblecillo con sus casas semiderruidas, que la vegetación va cubriendo. Hay un gran nogal y a su pie una charca. Situados en el llano, kilómetros adelante, tenemos frente a nosotros una muela formada por estratos yeso-calizos y arcillosos, sobre la que hay un parque eólico todo a lo largo de kilómetros. Hemos llegado a una carreterilla con firme de grava, que une Arcos de Jalón con Yuba. Este camino de concentración lo abandonamos por la izquierda y tomamos un llamado “camino del romeral”, que nos lleva a la entrada del barranco de Yuba. Este barrando lo recorre un arroyo, a tramos seco, que se junta unos kilómetros más adelante con el río Cárcel. El barranco está limitado por grandes farallones de calizas y arcillas y rocas sedimentarias formadas por una amalgama de piedras de aluvión y arcillas. Vemos buitreras. La vegetación ha crecido desmesuradamente y la hierba alcanza casi un metro de altura en aquellas zonas húmedas más próximas al cauce del riachuelo.
La vegetación en esta zona tiene especies propias de estepa: tomillo que está en flor, romero, aliaga (con algunas matas también en flor), un poco de torvisco y gamones con sus varas florecidas como nardos. En las paredes del barranco, a veces aparecen colgados en lugares inverosímiles, hay enebros arbustivos y chaparros en los cerros colindantes. Junto al río, buenos chopos, y todo a lo largo de la garganta, majuelos en flor que son como grandes pinceladas de un blanco luminoso sobre estos parajes hechos de ocres rojizos y verdes oscuros de la vegetación.
Entramos en el despoblado de Yuba, donde parece que la única casa en pie es una antigua ermita bien retejada. Las casas, con su aspecto ruinoso, dan una imagen romántica de lugar abandonado donde las antiguas viviendas van mostrando la intimidad de sus habitaciones según se derrumban las paredes que las sustentan. Comemos aquí, junto a una gran alberca, a la sombra de chopos y frutales abandonados. De aquí nos acercamos a Corvesín, anejo de Blocona, otro lugar despoblado, con apenas 10 casas ruinodas, que tiene un aspecto idílico en su soledad y la abundancia de vegetación. Por el camino corre un arroyo que debe de venir de los cerros próximos.
Terminamos cerca de Lodares, en una estación de autobuses próxima a la autovía. El contacto con la civilización nos recuerda que la caminata es sólo un paréntesis en nuestras vidas de urbanitas. No nos lamentamos, ya que pronto volveremos a calzarnos las botas y haremos, no sólo siete leguas, sino todas las que aguanten nuestras rodillas artríticas pero marchosas.

lunes, 24 de mayo de 2010

Mira qué te cuento, 3: El mundo es injusto.-

Pues, sí, hombre. Yo creía que ya te lo había dicho: aquí donde me ves, soy un incomprendido. Pero no le echo la culpa a nadie ¿eh? Que yo ya sé que tengo un carácter un poco raro, aunque el en fondo soy una malva y un sentimental.
Yo creo que lo que me pierde es esta sensibilidad tan grande que yo tengo. En cuanto me gusta una persona, es que me devora el cariño. Porque, vamos a ver ¿te has fijado en la gente? Siente como vergüenza de expresar sus sentimientos y anda por ahí con cara de estreñido. Yo, al contrario, en cuanto quiero a alguien, no me puedo aguantar, es que me lo comería...
Fíjate tú cómo será que yo tenía una novia de pueblo. De esas mozas de mejillas coloradotas, carnes prietas y más blancas que la leche... y unas tetas; cosa más sabrosa no había probado en mi vida. Fíjate si la quería, que me la comí a bocados. Pero, no te vayas a creer... civilizadamente, eso sí; que en España tenemos una tradición culinaria muy depurada y yo casi, casi, soy un cordon bleu en eso del arte culinario. Si me apuras, ni Arguiñano... Lo que pasa es que me inclino más por la cocina tradicional. Además, aquella novia tan maciza se había criado en la montaña y no era cuestión de emplear una fórmula de esas amariconadas de la cocina francesa, que todas las salsas las hacen con mantequilla. Yo, buen aceite de oliva y siempre, siempre, productos naturales.
El caso es que me preparé con ella un chilindrón de chuparse los dedos. Aunque te parezca mentira, es fundamental el pimiento seco. Ha de ser de muy buena calidad: si es de Lodosa, mejor. Antes de guisar la carne ...¡ Por cierto!, Encarnación se llamaba esa novia de la que te estoy hablando... Pues, eso te decía, que hay que preparar un sofrito de cebollas picadas, tomates previamente escaldados y pimientos rojos asados al horno, cortados en tiras, y sin piel. ¡Joér...! Todavía me pongo cachondo cuando me acuerdo de sus muslos en la cazuela dorándose al fuego con su buen aceite de oliva y sus ajitos cortados en láminas... Nunca he vuelto a experimentar un placer erótico tan intenso. Creo que aquel día me comí un pan entero mojando el chilindrón...!Huuumm!
Y ahora que me acuerdo, no acabo de entender por qué me sacaron en los periódicos, si el guiso era perfecto. Yo creo que la culpa fue de su madre, que era una envidiosa y una nulidad en la cocina.
Pero volviendo a lo que te decía, pues sí, siempre he sido un hombre necesitado de cariño y, cuando alguien me quiere, es que me lo como a mordisquitos... Como no conocí a mis padres, me crió una tía mía; una viejecita muy cariñosa. Tanto, tanto me quería, que me nombró su heredero. Cuando me enteré, yo, de puro contento, le di un abrazo tan fuerte que se le rompieron algunos huesecillos... Oye, tú, la viejecilla se quedó que parecía un pajarito con un ala rota. Lo que pasa es que la pobrecita tenía la carne un tanto correosa y tuve que hacerla en pepitoria... Pero la quería más que a mi madre, a la que no conocí, así que me la comí toda, toda.
Menudo disgusto el que me llevé aquella vez, tú, que cogí una indigestión tremenda y la policía empezó: que a ver donde estaba la vieja; que si yo era un pervertido y un antropófago de esos de Africa... Sí, hombre, sí, tienes que acordarte, que hasta me sacaron en los telediarios... Pero eso de la fama es duro de llevar, que desde entonces la gente me mira mal. Fíjate que, con lo que a mí me gustan los niños, en mi escalera las madres se ponen histéricas nada más verme y los esconden. Y los vecinos ni me hablan. Con lo necesitado de cariño que yo estoy, y lo solo que me veo...
Ya, ni novias formales he vuelto a tener. Solo algún ligue de tarde en tarde y, si es extranjera, mejor. Me acuerdo de una italiana que se alojaba en el Palas, riquísima, con la que apenas intimé un par de día: pero yo me lancé y le pedí la mano. No veas qué dedos mas finos... Con un chorrito de jerez me salió un caldo sabrosísimo. Se fue a su país sin despedirse de mi...¡mujer ingrata!
Por cierto, macho, contigo se puede hablar ¿Sabes que me estás cayendo bien? Si quieres, te invito a comer... Sí, hombre, sí, no se hable, hoy como contigo. Pero..., ¡Eh! ¡¡Túúú...!! ¿Dónde vas, hombre? Pero, no seas loco, que el semáforo está en rojo y pasan coches... !! Ay, ay, que se la pega...!!!
¡Joder! Otra vez solo... Si es que soy un incomprendido...

jueves, 20 de mayo de 2010

Hacienda somos casi todos...-


Estamos los españolitos, al menos los que vivimos de un sueldo o una jubilación, en época de confesarnos con la Agencia Tributaria y rendir cuentas de nuestros magros ingresos. No hablo de los dichosos y privilegiados poseedores de una SICAV o de altísimas rentas, que esos disponen de asesores fiscales y de medios acreditados para evadir una gran parte de sus ingresos. Eso sin contar el temor de nuestros lamentables políticos a meterles mano en los bolsillos, no sea que les encuentren no sólo la caderilla, como al común de los mortales, sino los billetes de 500 euros. Como nos tienen dicho que el dinero es asustadizo y puede salir huyendo hacia paraísos fiscales si alborotamos su apacible existencia, prefieren esos políticos no insistir demasiado a la hora de buscarlo por los rincones, en la confianza de que aflore por propia voluntad y ayude desinteresadamente a sacarnos del bache; rincones donde, quienes nos han empobrecido, lo tienen a buen recaudo.
Lo digo porque, esta semana, he cogido el certificado de renta y todo el papelorio que me envían los bancos con las cuentas corrientes y las imposiciones a plazo (ya se sabe, ese suculento 0,5 ó 1,50 %, – por decir unas cantidades – que te pagan por manipular nuestro dinero en su propio provecho), y he ido a la Agencia Tributaria de San Blas a que me hicieran examen de conciencia. Y, si se me permite un inciso, diré que eso de los funcionarios de Hacienda ya no es lo que era: aquel individuo con cara de perro que disfrutaba sádicamente exprimiéndote hasta el último céntimo de tu renta de trabajo, y te miraba con la misma desconfiada inquina con que el señor inquisidor aterrorizaba a los judaizantes. El que me ha tocado a mí tenía el pelo pintado de amarillo, con ajorcas en las orejas y una cadena gorda de okupa, con una herradura plateada, colgándole de la trabilla del pantalón. Con funcionarios así, te entran ganas de firmar la declaración sin rechistar y, encima, invitarles a un café.
Ya sé, ya sé que la mía ha sido una experiencia personal y no extensible al común de los contribuyentes, pero cada cual cuenta la feria según le va en ella; y a mí no me ha ido mal, que hasta me han devuelto unos euritos, aparte lo de tratarme como a un ciudadano y no como a un delincuente en potencia.
Un servidor, que tiene las ideas anticuadas, iba pensando, mientras el bus le llevaba al ajuste de cuentas, que, quizás y precisamente por estar anticuado, sigue creyendo en un Estado garante de la justicia social y redistribuidor de riquezas. La lástima del caso es que, quienes están en el poder político por mandato de los ciudadanos, son incapaces de aplicar principios tan elementales y exigir a cada cual según sus posibilidades. He creído entender en estos últimos días – se lo tengo que consultar al barrendero de mi calle, que de esto sabe bastante – que el gobierno no quiere aumentar, de momento, la imposición a las rentas más altas por ese miedo a que los grandes dineros salgan despavoridos allende nuestras fronteras. En su lugar, nos aumentará a todos los ciudadanos los impuestos indirectos porque dicen que ahí es donde el Estado recauda y no la minucia de las grandes fortunas.
Pero es que a mí, desde jovencito, me enseñaron que los impuestos directos –directamente proporcionales a los capitales – son síntoma de estricta justicia distributiva, mientras que los impuestos indirectos – que gravan por igual a todo hijo de vecino – son una forma más injusta de repartir los costes entre la ciudadanía. Vamos, que yo pago la misma cantidad de impuesto por el papel de retrete que las Koplovich esas, por poner un ejemplo pedestre. Y, francamente, no es lo mismo un culo proletario que otros de masaje y liposucción.
Espero que mis improbables lectores no se me cabreen por todo lo dicho, pues ya se sabe el sentir popular: “A la Hacienda Pública, ni agua”. Pero deben comprender que, a estas alturas de la vida, uno no está para desprogramar sus neuronas y reconvertirlas en fervientes partidarias del espíritu neocon. Uno sigue siendo, en cuestiones sociales, partidario de un socialismo asaz utópico; ese pensamiento iluso según el cual el colectivo humano de un país es más importante que las riquezas que produce y que éstas han de estar al servicio de aquel. Aunque también piensa – además de iluso, uno es un saco de contradicciones – que el enriquecimiento es un estímulo para los emprendedores. Pero es razonable poner límites: a la extrema riqueza y a la extrema pobreza. ¿O estoy tan equivocado…?

sábado, 15 de mayo de 2010

Eso de la economía global.-


Cuando estaba en quinto de carrera en la UNED, tuve que estudiarme la Introducción a la Economía para Historiadores, de Gabriel Tortella. Creo que llegué a entender un poco eso de la Microeconomía, pero lo de la Macroeconomía nunca logré desentrañarlo. Por eso, sigo con interés las entrevistas, leo los artículos y escucho las tertulias de los que dicen que saben de esto. Pero noto que me lían.
El caso es que, este viernes pasado, en Radio Nacional, han entrevistado a Cristóbal Montoro, que es algo así como el coordinador de economía del PP. El tal dijo (textualmente, que corrí a apuntarlo en un papel): “… señalan a España como uno de los causantes de la crisis…” Yo, la verdad, me sentí responsable y acepté mi parte alícuota de culpabilidad por el hundimiento de la economía mundial. Pero, como dos opiniones contrastadas son mejor que una, salí a la calle y le pregunté al barrendero de mi barrio. Se trata de un señor que no sólo maneja el escobón con profesionalidad, sino que se lee toda la prensa que encuentra en las papeleras y está muy bien informado.
El hombre me tranquilizó. Me dijo que lo de las head found, o “bonos de alto riesgo emitidos por una entidad de baja solvencia y con rendimientos muy superiores a la media del mercado” – fulminante de la crisis económica mundial –, no eran culpa del gobierno español. Que eran los bancos americanos los que las habían puesto en circulación. Que nadie en este país participó, en 2008, en la quiebra de Lheman Brothers o de Merrill Lynch, y que, cuando se referían a las hipotecas basura, no se estaba hablando del ladrillazo nacional, que no era más que una chapuza económica estrictamente local. Que las afamadas teorías sobre “el capitalismo del desastre” (Puede leerse “La estrategia de choque”, de Noami Klein) tenían más que ver con el neoliberalismo propugnado por Milton Friedman que con la “cocina” de la Moncloa. En fin, que, posiblemente, el señor Montoro estuviese mal informado…
En mi opinión (que sobre macroeconomía no opino, pero sobre personas sí) suponer mal informado al Sr. Montoro era tanto como considerarlo un inepto; no sólo a él, sino a quien le había nombrado para el puesto y a la cúpula de su partido, por no poner remedio a tanta incompetencia. Con lo que me asaltó la sospecha de si el experto ecónomo del PP no trataría, más bien, de confundir (dicho suavemente) al personal, a ver si colaba, y que ruede la bola. Sea como fuere, subí a casa más tranquilo.
Pero de esta entrevista también recuerdo que el Sr. Montoro dijo que el PP no colaboraría con el gobierno por tres razones, de las que sólo recuerdo dos: Una: porque los remedios llegaban tarde; a lo que el locutor le pregunto sí, como de cualquier forma, el gobierno, aunque sus recetas resultasen eficaces, llegaba tarde, esto suponía que el PP no iba a ayudar a sacar al país de la crisis. A esto, don Cristóbal dio la callada por respuesta y cambió de tercio. Otra: porque las reformas venían impuestas de fuera. O sea, el telefonazo de Obama a ZP y las presiones de los socios comunitarios.
Uno, que tiene enquistados resquemores antiguos, recordó inmediatamente las llamadas de Bush II el Nefasto al señor Aznar para que participase en la Cruzada contra el Eje del Mal y las Armas de Destrucción Masiva, y la inmediata puesta a disposición de nuestro país para una guerra de latrocinio, injusta, cruel e ilegal, de la que todavía sufrimos las consecuencias en el mundo mundial. Lo que me recuerda (uno empieza a tirar del hilo, y es lo que pasa) que el actual conflicto irakí está semi privatizado desde los tiempos del susodicho Bush II el Nefasto. Hay tantos mercenarios, de empresas tal que la Blackwater, como soldados en Irak. En Afganistán, por ejemplo, hay 104.000 mercenarios frente a 68.000 soldados (Le Nouvel Observateur, nº 2374).
O sea, política económica neoliberal pura y dura, como la que el FMI ha impuesto a los españolitos. A lo mejor, siguiendo los preceptos de la Escuela de Chicago, ZP privatiza los ministerios y los pone en manos de Díaz Ferrán, el irreductible presidente de la patronal patria, y que Alá nos coja confesados.
Cosas veredes, Mío Çid, que farán fablar las piedras…
Lo que sí tengo claro es lo siguiente: cuando necesite saber algo sobre macroeconomía, voy a consultar al barrendero de mi calle. Él, al menos, no estará obnubilado ideológicamente y será más objetivo que don Cristóbal Montoro, quien nos ha hecho responsables de la crisis económica del mundo mundial. Piensa don Cristóbal – a lo que imagino – que no hay nada como tener claras las propias ideas y enturbiar las ajenas.

martes, 11 de mayo de 2010

Un cierto olor a cadaverina narrativa.-


Hace años bastantes, cuando creía que mi capacidad de escribidor serviría para algo y me vería en letras de molde, propuse a un grupo de amigos/as escribir entre todos un cadáver exquisito, una especie de monstruo de Frankenstein, hecho de retazos literarios, de recortes de maternidad alumbrados por cacúmenes estrujados al efecto, y a ver qué pasaba. Aquello se inició con entusiasmo, recogimos fragmentos escritos, los zurcimos como buenamente pudimos… y jamás conseguimos insuflar vida al cadáver, que nunca llegó a exquisito y sí quedó fosilizado entre los archivos de mi ordenador.
En un ejercicio de añoranza – aunque la añoranza es un error que aburre muchísimo – he decidido colgar en esta bitácora el comienzo de aquella aventura de “juntacadáveres” ilusionados; aventura frustrada, aparte de por nuestra escasa capacidad literaria, por la puñetera vida estresada de sus componentes, que no lograban sacar tiempo para perder en un inútil trabajo de desenterradores de historias imaginarias.
Dicho lo que antecede, la historia comenzaba así:

““Propósito.- Dicen los que saben de esas cosas que la causalidad no existe sino que se corresponde con leyes que le son propias, cuya lógica ignoramos aún. Esto viene a cuento porque, según oí en mi juventud a un profesor de Antropología Filosófica, si un mono teclease sin solución de continuidad sobre una máquina de escribir, terminaría por escribir el Quijote, pongamos por caso. Supongamos que nuestro colectivo es el mono ideal que aporrea durante una eternidad el teclado del ordenador. Así, es muy posible que entre todos, muy monamente, logremos escribir una de las grandes joyas de la Literatura Universal.
Verbigracia: yo empiezo con un párrafo incoherente, o plagiado – que también sirve al caso –, y vosotros seguís con lo que se os pase por la cabeza: aquellas pesadillas amorfas de vuestros más angustiosos sueños; aquellas chorradas que os pueblan la mente, pero que no dejáis aflorar porque sois personas responsables y os da vergüenza; aquellos agujeros llenos de una nada imprecisa que gobierna vuestras vidas... En fin, cualquier cosa incóngrua, irracional, irreal, imposible, intolerable, indigesta o inviable... Yo empiezo, ¿eh?"

Plagiario Obvio. I:
"En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho que vivía un hidalgo, de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor..."

Plagiario Rencoroso. II:
"En un lugar de la Mancha del que no puedo olvidarme vive este viejo borracho de mierda, vive el mancillador de los escenarios, vive este ruin envidioso y todas las putas que a coro me alaban y aplauden mi plagio. No seré yo el que haga la luz a mi mentira, pero sí el que clave un puñal en mi corazón de escribiente. No se lo diré a nadie y tomaré cada aplauso, cada halago, como míos y los regurgitaré por la noche entre trago y trago para revivir la puta mentira una y mil veces.”

Plagiaria de Arcanos. III:
"No puedo decir que no dejé de sorprenderme, pero supongo que si a mí me gustó y me entusiasmó, a la gente de mi tiempo no era de extrañar que también le gustara. Todo empezó el día en que la TDO, (Talentos Designados Oficialmente) me requirió para estudiar una obra que se estaba resistiendo a los más brillantes arqueólogos. Es en ese momento cuando las más Altas Esferas se rinden y recurren a nuestra organización. En mi caso, fue más duro porque yo había perdido mi prestigio profesional a base de ir robando 'cápsulas de tinta' donde otros escritores más talentosos que yo guardaban su inspiración. Pero al fin y al cabo, yo era la única que tenía en mi cabeza el conocimiento de las lenguas perdidas de la antigua 'Parla', continente llamado así por la continua inclinación de sus habitantes a enviar a sus descendientes a Parla, o lo que es lo mismo, a hablar o aprender una lengua y referido en otros escritos como 'Uropayiruro' y que no sé si se corresponde con Mancha…””
Para qué seguir disecando el cadáver, no sea que, con el tufo, se despierte en el personal un irrefrenable deseo de partirme la cara, como al fulano de la foto…

miércoles, 5 de mayo de 2010

Libros libres.-

Con la vuelta del buen tiempo vuelven las viejas manías que uno cultiva con mimo. Entre éstas, la de ir soltando libros por el parque del Calero y paradas de los buses municipales que pasan por el barrio. Dejo aquí la lista de las criaturas de papel abandonadas a su incierto destino en las últimas semanas:
Cuentos eróticos de navidad, Varios Autores
Ejecución, de Sven Hassel.
El médico de Toledo, de Matt Cohen.
Historias de Posguerra, de Luís Garrido.
Historias Marginales, de Luis Sepúlveda.
La piel del tambor, de Arturo Pérez Reverte.
Los niños tontos, de Ana María Matute.
Persecución fatal, de William Garner.
Príncipe y mendigo, de Mark Twain.
Tres camaradas, de Erich Mª Remarque.
Un metro de trescientas cincuenta palabras, Varios Autores.

Como puede verse, sigo a lo mío. Hay tantos libros solitarios en busca de un lector, que me estoy convirtiendo en una especie de pequeña agencia de contactos. Una especie de tercería literaria. Y es que da no sé qué ver el rimero de libros ociosos que esperan quien los lleve de la mano, los hojee y de sentido a su existencia. Porque un libro no tiene razón de ser si no encuentra a su lector.
El problema está en que los libros son tímidos por naturaleza y poco dados a salir de las estanterías para buscar su propio lector por esos mundos. Hay que tener en cuenta que se trata de criaturas – me refiero a los libros de ficción literaria – poco dotados para buscarse la vida en el mundo real, incapaces de acercarse a un paseante ocioso (pongo por caso) y decidirse: “Ese va a ser mi lector”, plantarse delante de él y decirle: “Tómame y léeme”.
La ficción y la realidad son dos mundos paralelos que se entrecruzan y, aunque la primera se alimenta de la segunda, no se mezclan. La ficción es una realidad virtual, donde los elementos que conforman su mundo se nutren de retazos que han sido extrapolados, sacados del contexto de la vida real y reelaborados para ser otra historia distinta; una historia que se mantiene presa dentro de ese objeto que llamamos libro. Como quien dice, el libro es un ser vivo – con la vitalidad que da la ficción –en cuanto a su contenido, ya que entre sus páginas, y prendida de sus letras, hay una historia dispuesta a desplegarse en cuanto alguien lo abra; pero es inerte en cuanto tal objeto físico dotado de peso y volumen. En su interior hay un mundo por descubrir, pero en su condición de cosa física no tiene voluntad ni iniciativa para mostrar lo que contiene. Por eso conviene darle un empujoncito.
Esa condición de objeto inerte desaparece en el momento en que alguien, que llamamos lector, lo coge en sus manos, lo abre y empieza a leer. En ese momento se opera el milagro. El libro deja de ser un objeto inanimado para cobrar vida y desplegar ante el lector, fascinado, todo un mundo imaginario y seductor que le atrapa y le zambulle entre sus hojas, ocupando esas horas que transcurrían sin objeto definido antes de que uno y otro se encontrasen.
Por eso, porque el mundo de la realidad y el de la ficción necesitan quien los ponga en contacto y no se ignoren mutuamente, sigo con mi empeño de dejar libros al azar en los bancos del parque, en las paradas del bus o en un vagón del metro. Es como si oficiase de presentador entre ambos: “Aquí un lector, aquí un libro”.
Puede ser el comienzo de una larga amistad…

jueves, 29 de abril de 2010

Una visita a Sicilia (y 2): Agrigento y Selinunte.-


Si uno quiere ver templos griegos clásicos acérquese a Sicilia y recorra las antiguas colonias de la Magna Grecia. En los parques arqueológicos de Agrigento y Selinunte podrá observarlos en todo su esplendor y belleza, recortándose sobre las colinas y con el mar al fondo. Un placer estético al alcance de cualquier turista con un mínimo de sensibilidad. Si quiere dejarse impregnar de esa emoción estética, siéntese al pie de un olivo milenario y observe aquellas potentes columnas que, como chorros de piedra, dan testimonio de gentes que aunaron a un floreciente comercio marítimo la piedad hacia sus dioses protectores y el orgullo de pertenecer al pueblo más cultivado de la antigüedad en la vieja Europa. Y que el improbable lector perdone este ataque de lirismo, pero es que, o eres un tarugo, o se te despierta el esteta que llevamos bajo nuestra costra de consumidores.
La primera visita en la “colina de los templos” de Agrigento es al templo de Hera, en un macizo estilo dórico de enormes columnas con fuste acanalado. Como aquí no hay canteras de mármol, como en el Peloponeso, el material utilizado es la caliza, que se degrada por efecto de la erosión. Cubría las columnas una capa de estuco blanco, lo que permitía a los navegantes ver el templo al pasar cerca de la costa.
Los templos griegos se caracterizan por su simetría, con un gran frontón triangular a cada extremo, y un peristilo donde la armonía de masas se logra aplicando la “medida áurea”, de forma que las columnatas laterales equivalen a dos veces más una columna el número de las columnas frontales. En su interior, una pronaos o acceso a la naos, la residencia del dios, y un opistodomos (especie de sacristía para las ofrendas) en la parte posterior.
Un poco más allá, el llamado templo de la Concordia (o de los Dióscuros), que se conserva casi en su integridad porque fue reutilizado como templo cristiano cegando los intercolumnios. También este templo (levantado el 430 s. C.) se edificó siguiendo la proporción áurea. Cuando lo visitamos hay en su interior una exposición de escultura moderna, lo que nos permite entrar en el templo y observar sus proporciones desde el interior. Un lujo poco frecuente.
Del templo de Zeus queda un montón ingente de ruinas ciclópeas. Es una construcción descomunal que alcanzaba los 113 x 57 m en su base, por casi 40 m de alto. Una serie de estatuas gigantes, conocidas como “telamones” (el equivalente masculino de las cariátides) soportaban la techumbre. Fue erigido como exvoto tras derrotar a los cartagineses en la batalla de Himera el año 480, lo que permitió a Agrigento dominar el comercio de aceite, vino, sal mineral y azufre. Sin embargo, no llegó a terminarse debido a la invasión cartaginesa a finales del S. V a. C.
La colonia de Selinunte fue fundada por colonos de Megara, allá por el S. VII a. C. Su proximidad a los asentamientos fenicios hizo que se aliara con los cartagineses en el 480 a. C. cuando la expedición de Amílcar, durante las guerras púnicas.
Sus templos dedicados a Zeus, Hera y Atenea, fueron construidos en orden dórico, aunque el primero quedó inacabado. El de Zeus es un templo de proporciones descomunales en el que no se llegaron a tallar sus columnas, una vez erigidas. Su grandiosidad puede apreciarse por un detalle: uno de los capiteles que están en el suelo pesa 96 toneladas.
La racionalización arqueológica ha querido que los templos de la colina se denominen de acuerdo con letras mayúsculas del alfabeto, lo que facilita su clasificación pero desconcierta al turista, sorprendido de que tanta grandiosidad lleve letras como las matrículas de los coches. No es lo mismo decir, pongamos por caso, que los templos dedicados a Castor y Pólux son dóricos de planta períptera exástila, que llamarlos fríamente templos O y A. Llamar “períptero exástilo” a un templo griego – aun no teniendo muy claro de qué se trata – sugiere mucho más al viajero curioso que llamarlo fríamente Templo O, dicho sea sin ofender a los expertos.
Y, con lo dicho, vale. Que este jubilata ocioso haya quedado prendado de las bellezas de Sicilia no es razón suficiente para dar la coña a sus pacientes, aunque improbables, lectores.

viernes, 23 de abril de 2010

Día del Libro.-


A algunos no nos llaman al Círculo de Bellas Artes a leer un capítulo del Quijote en tal día como hoy, ni pretendemos tanta notoriedad. Opinamos como el caballero de la Triste Figura: “Llaneza, muchacho, que toda afectación es mala” y nos dedicamos a menesteres que sí tienen que ver con la celebración del Día del Libro, aunque como peones de brega.
Como en años anteriores, el programa del Libro Solidario ha montado sus chiringuitos en la cuesta de Claudio Moyano y el Museo de la Ciudad, donde hemos ofrecido libros a 2 €, que es como dar duros a peseta. Que no intentamos hacer negocio, sino darnos a conocer y que se conozca nuestra labor.
Precisamente, en estas semanas estamos empeñados en recaudar 1.900 euros para enviar una biblioteca de 2.000 volúmenes – que ya tenemos preparada – a Puente Piedra, un municipio próximo a Lima, y andamos arañando euritos por aquí y por allá con ese propósito. Lo recaudado hoy ayudará a ese fin.
Ser voluntario en una ONG, a veces, tiene efectos colaterales, como el de volverse un poco cara – por una buena causa, que eso siempre justifica mucho – y meter la mano en los bolsillos de amigos y familiares para que se expliquen económicamente y colaboren. Y eso es lo que un servidor ha hecho estos días, bombardear a todos aquellos de los que tiene dirección de correo electrónico a ver si aflojaban los cordones de la bolsa y ayudaban en el empeño.
Y, ya puestos, dejo aquí el enlace a Libro Solidario, por si suena. Total, si el Sr. Matas ha reunido 3 millones de euros para eludir la cárcel, mis conocidos, amigos, familiares e improbables lectores de esa bitácora bien pueden reunir 3 euros (cada uno, ojo) para un fin mucho más honorable. Que si los del Opus practican lo que el de Barbastro definió como “la santa desvergüenza”, tampoco nos vamos a avergonzar nosotros por este pellizco, que a sablazo no llega, y menos todavía a saqueo de las arcas públicas.
Bien pensado, 3 euros son tres libros enviados a una escuela, donde ni siquiera el maestro se puede permitir el lujo de comprar libros porque son casi tan inasequibles al interesado como lo es para nosotros, ciudadanos de a pie, disponer de los coches blindados de nuestros jerarcas municipales.
¡Ah! El próximo 18 de mayo, Día Internacional de los Museos, también montaremos unos chiringos en la cuesta de Claudio Moyano, el Museo de la Ciudad y en San Antonio de la Florida, a ver si el respetable se da un garbeo por allí, se lleva unos libros y va llenando de moneditas el cepillo.
… Eso de pedir es lo que tiene, que coges carrerilla y no paras.

domingo, 18 de abril de 2010

Una visita a Sicilia: Catania.-


Ya dije en una entrada anterior que íbamos a visitar Sicilia y me gustaría hablar, en esta ocasión, de Catania, ciudad absolutamente monumental.
Llegamos en un ferry que nos llevó desde Nápoles atravesando el Estrecho de Mesina. El trasbordador que nos llevaba a Catania se llamaba Trinacria, nombre que recibe el símbolo y bandera de Sicilia: una cabeza de Gorgona de la que salen cuatro serpientes y está enmarcada por tres piernas en sentido levógiro. Hace referencia a la forma triangular de la isla con los montes Lilibeo, Piloro y Passero en sus extremos, y es una svástica o símbolo solar como esos trisqueles que se ven por Galicia.
Eran las 08:30 h cuando atracamos en el puerto de Catania. Cruzamos el Estrecho de Mesina en plena noche y parece que aquellos monstruos míticos de Scila y Caribdis estaban profundamente dormidos o indiferentes a nuestro paso, lo que nos ha ahorrado el susto que pasaban los antiguos navegantes cuando atravesaban el estrecho. Las deidades clásicas no quieren nada con el turismo, a lo que se ve, y no se molestaron en abrir sus fauces para que los turistas les acribillaran a fotos.
Un café rápido, tiramos de las maletas, y a desembarcar. Sin más espera, nos pusimos camino del Etna (3.345 m.) y el bus nos dejó en un complejo turístico a 1.800 m de altitud. Según ascendíamos, el paisaje, verdoso y con abundante arboleda (retamas, robles y pinos) iba dejando paso a las coladas de lava petrificada desde siglos y agrietada por la erosión, que se cubrían de nieve según ganamos altura.
En un extremo del complejo, un monumento triédrico forrado en azulejos (que pasa desapercibido para el turista presuroso), con sendos relojes solares, advierte al visitante que por allí pasa el 15º meridiano Este. Es recuerdo erigido en memoria del italiano Quirico Filopanti, quien, en 1859, propuso el Uso Horario con la división del mundo en 24 sectores de 15 grados cada uno, tomando como referencia el meridiano de Greenwich.
Sorprende Catania. Vistos Nápoles y Palermo, donde se mezclan monumentalidad, caos y su puntito de cochambre, esta ciudad se caracteriza por ser más ordenada y racional con su trazado ortogonal y calles espaciosas. A consecuencia del terremoto de 1693 hubo que reconstruirla de nueva planta siguiendo el gusto barroco del momento. El arquitecto Vaccarini fue el encargado de dirigir el nuevo trazado de la ciudad.
Dimos un paseo por la ciudad, siguiendo la vía Humberto I hasta los jardines de Bellini. Vincenzo Bellini es famoso por haber compuesto óperas como Norma, Los Puritanos, El Pirata… Bajamos por la vía Etna y, camino de la catedral, visitamos la vía Crucífera, cuajada de iglesias y edificios de órdenes religiosas. Una visita a la iglesia de santa Ágata, de mucha devoción en esta ciudad, con dos enormes candelabros enormemente barrocos que sacan en andas en la fiesta de la santa y hacen bailar ante los comercios que aportan dineros para la procesión. Religión e intereses económicos se hermanan en esta célebre fiesta de religiosidad popular. Lo digo por si a alguien le extraña este maridaje entre fines espirituales y materiales.
Por allí cerca, el guía nos mostró el lugar donde los becados erasmus españoles hacen el botellón, contribución hispana nada desdeñable a la cultura popular cataniense. No es extraña la presencia de tanto estudiante español si se piensa que la Universidad de Catania tiene una noble antigüedad y prestigio, fundada en 1434 por el rey Alfonso V de Aragón. De paso, conviene recordar que estas tierras estuvieron bajo dominio de la Corona de Aragón a partir de 1282, en que los palermitanos se sublevaron contra el dominio francés de la casa de Anjou y los pasaron a cuchillo en las llamadas vísperas sicilianas. En el S. XVIII, una rama de los borbones españoles detentó la corona de las Dos Sicilias, de forma que la presencia española forma parte de su historia.
Para hablar del Duomo con su catedral y el monumento del obelisco sobre el elefante, o la multitud de palacios y edificios señoriales, están las guías. Yo sólo quería dejar constancia de la impresión que me llevé de haber visitado una ciudad monumental y francamente bella. Dejo alguna foto, para ilustrar lo dicho, aunque lo recomendable es tomar un avión y visitar el lugar. Y, a ser posible, toda la hermosa isla siciliana.

martes, 13 de abril de 2010

Mira qué te cuento, 2.- La rueda de madera (recuerdos apócrifos de infancia).-

Una de las cosas que más me fascinaban, siendo yo niño, era la rueda de madera del tren. Me enteré de su existencia por primera vez cuando tenía cinco años, y de todas las veces que he viajado en ferrocarril, no recuerdo que jamás la hayan encontrado.
En aquellos años de mi infancia, la verdad es que se viajaba poco. Montar en el tren para ir desde el pueblo donde vivíamos hasta la capital, era una aventura que me llenaba de emoción. Siempre me desvelaba la noche anterior al viaje. Había que madrugar y caminar hasta la estación, casi un kilómetro, cargando con las maletas y los bultos. A mí, el camino se me hacía interminable. Agarrado a la mano de mi padre, tiraba de él, ansioso por llegar cuanto antes y subirme al tren. Yo era entonces un mocoso, y el mundo era muy grande y estaba lejos. Tan lejos, que sólo en ferrocarril se podía llegar hasta él.
Un tren de aquellos, con su humeante y negra máquina de vapor, a los ojos de un niño, era un ser que imponía temor y causaba admiración. Todo él tan enorme, hecho de hierros rechinantes y maderas traqueteantes, humaredas de vapor y carbonilla que te entraba en los ojos. Verlo bufar como un toro furioso y a punto de embestir, impresionaba muchísimo. Pero aquel monstruo tenía un punto débil: la rueda de madera.
Cuando recorríamos el andén para ver cual era nuestro vagón, siempre, siempre, se veía a un ferroviario que andaba buscando la rueda de madera. Con su martillo de mango largo, iba golpeando las ruedas de los vagones, una a una: ¡Clinng! sonaba una rueda; pasaba a la siguiente, golpeaba y ¡Clinng! sonaba también aquella; y la siguiente, y la otra, y la otra… ¡Clinng! ¡Clinng...! Yo, la primera vez que lo vi, observé con curiosidad enorme aquel repiqueteo, hasta que mi padre me dijo:
– Están buscando la rueda de madera.
Según parece, cuando hicieron el tren, sin darse cuenta, pusieron una rueda de madera en un vagón. Y para que el tren no descarrilara, había que encontrarla y sustituirla por otra de hierro. Pero, por más que buscaban la rueda de madera, no conseguían dar con ella.
– ¿Y, cómo van a saber cuál es la rueda de madera? – pregunte yo intrigado a mi padre.
– Pues por el ruido – me contestó muy serio.
Estaba claro que si las ruedas de hierro hacían cling-cling, en cuanto el ferroviario golpeara con su martillo la de madera, ésta no haría ¡Clinng!, sino ¡Cróc! o algo parecido. Pero creo que, por lo menos en mis años de infancia, la rueda no apareció nunca. Y sé bien lo que me digo porque, con el tiempo, me hice mayor y empecé a viajar en tren todas las semanas. Como hice el bachillerato en la capital, donde vivía en una pensión, iba yo los fines de semana al pueblo en tren. Pasaron años, y un buen día, sin saber bien por qué –ya a punto de terminar el bachillerato– me acordé de la rueda de madera de mi infancia. Me fijé y, a pesar de tanto tiempo transcurrido, seguían buscándola. Antes de que arrancara el tren, sentado en el compartimiento y enfrascado en mis lecturas, alcanzaba a oír el cling-cling del martillo en su búsqueda infructuosa.
Luego, fue pasando el tiempo y le perdí la pista a la dichosa rueda. A lo mejor es que ya la han encontrado. Como la RENFE se ha modernizado tanto…

martes, 30 de marzo de 2010

Una marcha por la Sierra de la Puebla.-




Con eso de que el tiempo anda un poco revuelto (cosas del cambio de estación) los que somos un poco artríticos tenemos problemas de articulaciones. Cualquier día de estos me pongo a hablar de la variada colección de artrosis y artritis que me aquejan, pero hoy no.
Lo cierto es que llevo un par de semanas con cristales en la rodilla derecha, pero no he sido capaz de renunciar a la marcha montañera que tenía programada el grupo de montaña del CSIC para este sábado pasado, así que me he chutado un par de aspirinas para no perderme la paseata.
Dicho brevemente, salimos del puerto de la Puebla para iniciar la subida al alto del Porrejón (1.827 m.). De allí bajamos al collado de las Palomas (1.600 m) pasando por el mogote de la Peña Hierro. Desde el collado, la subida al pico Tornera (1.865 m) es larga y la cuerda va ganando altura en un sube y baja por aquellas cresterías de pizarras. Desde el Tornera el camino hacia el pico Centenera es un rompe piernas, ya que hay que buscarse los pasos por entre las lastras verticales de pizarras y enormes lanchares y pedreras mientras se transita por aquel serrijón que es como la espina dorsal de un animal prehistórico. De allí bajamos a un collado que nos puso al pie del pico Centenera y el grupo se dividió: los más montañeros subieron al pico, mientras que otros nos bajamos hacia la pista. Yo tenía bula para no subir, con eso de la rodilla machacada. Mientras coronaban los otros, nosotros esperamos en la pista, donde descabecé una siestecita en el amoroso regazo de la madre naturaleza (o sea, en el duro suelo) mientras el sol poniente caldeaba las choquezuelas de mis extremidades inferiores. El último tirón – pista adelante y desvío por el camino de la tubería que suministra agua al pueblo de la Puebla –, todavía n
os llevó hora y medio de caminar a buen ritmo.
Esta sierra Norte de Madrid (lo que se conocía como la Sierra Pobre) es abrupta y de orografía difícil. Los materiales de que está formada son pizarras que la erosión ha dejado al aire como la osamenta de algún monstruo antediluviano. Enormes lastras verticales que producen la sensación de cuchillas gigantescas clavadas en el suelo, con sus bordes afilados, y donde hay que pensárselo cada vez que das un paso y busca un espacio donde posar la bota.
La vista desde el Tornera es de una belleza sólo apta para los esforzados que son capaces de recorrer estos parajes: Mirando hacia el oeste, se aprecia el macizo nevado del Peñalara con su prolongación en los Mo
ntes Carpetanos. A su izquierda, la Cuerda Larga, cubierta de nieve, con las dos cabezas de Hierro. Siguiendo los Carepetanos, la Somosierra y, hacia su derecha, el Cerrón y el pico del Lobo y, mirando hacia el noreste, el macizo de Ayllón con el peñote del Ocejón destacando sobre él. La contemplación de estos parajes, por sí sola, ha merecido la pena el castigar durante unas horas esas rodillas mías que van quejándose de edad.
A estas altitudes por las que nos movemos, la vegetación es de matorral, donde abundan las matas de brecina que se están llenando de botones a punto de florecer, prados de altura y algunos ranúnculos que ya se han atrevido a abrir sus pétalos. El ICONA llenó muchos de estos parajes de pino de repoblación, aterrazando las vertientes, arrancando especies autóctonas como el roble y chaparras, dejando espacio libre a la jara, cantueso, mejorana. Afortunadamente, camino del pueblo vemos unos robles centenarios espléndidos, con sus ramas desnudas como descomunales brazos, algo parecido a aquellos gigantones desaforados que don Quijote quería arremeter con su lanzón. Nosotros nos conformamos con fotografiarlos y dejarles que vivan su tranquila existencia lejos de las motosierras.
De momento, hasta dentro de unas semanas, no habrá salida a la sierra,
ya que nos vamos a dar una vuelta por el sur de Italia. Qué cosas le pasan a uno, fui a la biblioteca pública, introduje en el buscador “Sicilia” e “historia” y me salieron media docena de libros sobre historias de la mafia siciliana. Quienes seleccionaron temas sobre esa hermosa isla se olvidaron de lo cargada que está de historia y de arte. Por aquí pasaron y dejaron sus improntas, griegos, cartagineses, romanos y bizantinos; incluso hubo un reino normando allá por el S. XI, sin olvidar la presencia de los angevinos franceses, primero, y los españoles después –con la Corona de Aragón–, o el reinado de nuestro Carlos III, quien obtuvo la Corona de las Dos Sicilias gracias a las intrigas de su mamá, la Farnesina. Se ve que actualmente “Sicilia” solo la recordamos como patria de don Corleone y su honorable familia (en vez de Arquímedes, o el tirano de Siracusa Dionisio el Viejo, quien invitó a Platón a poner en práctica sus teorías políticas, recogidas posteriormente en “La República”, pongo por caso). Lo que corrientemente llamamos cultura popular, vamos. Pues eso, qué cosas.

lunes, 29 de marzo de 2010

¡¡¡¡¡¡¡AHÍ VA!!!!!!


Me acabo de cargar todas las fotos del blog. Ya sabía yo que las neuronas responsables del invento internáutico me patinaban de vez en cuando.
Vuelta a empezar

Bueeeeno... parece que se ha arreglado ello solito.

miércoles, 24 de marzo de 2010

La casquería patria como fuente de noticias.-

Uno, que está cargado de prejuicios, había jurado por sus niños que la casquería sentimental del corazón jamás entraría en su horizonte mental. Craso error. Las cosas del bandullo sentimental de la entrepierna y demás prótesis de la carnaza famosera son una fuente inagotable de saludable conocimiento, por más que los puristas del intelecto sostengan lo contrario.
Lo digo porque el acceso de mi ordenador a Internet es a través de la página de Terra y nunca me había parado a leer las noticias que allí se dan. Hasta ahora. Por decir un porcentaje más o menos inexacto y tendencioso, el setenta por ciento de la información que allí aparece está dedicado a asuntos belenestebanescos y similares. La profusión de tetas siliconadas, nalgas turgentes o estriadas, contactos sexuales exprés, posturitas para polvete original, apaños amorosos mediatizados por la pasta y el afán famoseador, vienen a llenar casi toda la página de Terra. Ya se sabe el argumento que justifica tal sobreabundancia: si las moscas comen mierda, la mierda es buena; ergo comamos mierda, que a todos alimenta.
Pues, eso, que en los últimos días, cada vez que abría el navegador, he dedicado especial interés a informarme de los asuntos que corren por las tripas emocionales y los bajos eróticos de esas gentes que cumplen una función social tan meritoria, a saber: entretener a la plebe. En estos tiempos que corren, qué mejor tarea que hacer olvidar al pueblo llano los sinsabores del IVA que nos amenaza; las empresas que, como flores marchitas, caen de las manos del presidente de la patronal entre los vítores de nuestros ejemplares empresarios; y un largo etcétera que está en la mente de todos. No insisto más sobre los males patrios porque la insistencia hastía y no estamos aquí para eso.
Además, negar las vulgaridades, las sandeces y los soeces comportamientos de nuestro plantel de famosos de la carne mediatizada es una actitud de escapismo, impropia de quien ha de vivir en esta sociedad y trata de sobrevivir en ella. Por eso, esta entrada está dedicada al belenestebanismo nacional, con todas sus consecuencias. Y eso aún a riesgo de quedarme sin la media docena de improbables lectores que suelen pasearse por esta bitácora. En mi descargo sólo diré que el deber de afrontar la realidad me llama con imperiosa exigencia.
Con la natural preocupación leo que “Pepe Navarro no se someterá hoy a las pruebas de paternidad por principios”. La frase no la entiendo bien. A lo mejor la ha escrito un/a becario/a de redacción, de esos de 350 euros mensuales y despido procedente. No sé si se refiere a una “paternidad por principios” o a unas “pruebas por principios”, o a que al tal Pepe sus principios morales no le permiten dar un poco de saliva (o de mierda, ya que estamos en ello) para que averigüen su ADN. A lo que parece, ha tomado boleta y se ha largado a N.Y. En fin, no dormiré tranquilo hasta ver cómo se resuelve tan apasionante historia.
Ríase usted de que Obama ha logrado que se apruebe un remedo de sanidad pública en los USA. Eso no es noticia que merezca un minuto de atención. Noticia, y muy importante para el normal devenir de este país, es que “a María José Campanario le sustituyen una de sus prótesis mamarias”. Si lo del Pepe ese me preocupaba, suponte, improbable lector, lo angustiado que estoy imaginando si el cirujano le habrá implantado una prótesis de la misma talla. Un ser de tantas prendas personales como la Campanario, qué horror si ahora tiene que andar por la vida con las siliconas desacompasadas. Uno puede pasar por las desigualdades sociales, por la diferencia abismal entre capitalistas y desheredados de la tierra, pero no está dispuesto a consentir que el binomio mamario de la Campanario campanee con desigual bamboleo al contonearse. Que una teta siliconada repique ¡talán! y la otra replique ¡tolón! puede alterar la paz de los platós telecinqueros y la estabilidad emocional del honrado pueblo que pesebrea en sus programas.
Y, qué suerte, el PP está de enhorabuena. La genuina belenesteban, en un arranque patriótico, ha proclamado que le dará su voto. Eso arrastrará multitudes y los señores del PP, que son unos caballeros españoles, deberían corresponder como se merece. Qué menos, cuando lleguen al la Moncloa, que nombrar a la fenómeno esa Asesora De Imagen Adjunta A La Presidencia con derecho a pernada mediática en horas de máxima audiencia; o – sugiero yo – ponerla en lugar de la Espe al frente de la Comunidad de Madrid, porque seguro que perpetrará más jugosos despropósitos. A deslenguada, vacua y palabrera no le gana ni la lideresa y, además, nos declarará la caterva de famosos como Bien de Interés Cultural. Eso como poco. ¡Se van a enterar los catalanes de lo que es un país culto!
Lástima que sea inglés el David Beckham ese. Lo de mostrarnos su lado más femenino, compartir bañera con un bigardo cariñoso, hacerse la manicura y otros menesteres de hembra placentera lo deberían situar, por mérito propio, entre lo más florido de nuestras famosas ibéricas. Pero es inglés, y eso le quita toda la gracia. No tiene la facundia y el desgarro del belenestebanismo autóctono.
Y así podría seguir indefinidamente…
Lo propio es que este texto se ilustrase con varias fotos de la fauna belenestebanesca, pero no soy tan ingenuo. O sueltan la pasta, o no hay tu tía. No es que quiera hacer negocio del famoseo, es que soy jubilata y llego justo, junto.
En su lugar, dejo la foto de esta pobre mimosa que, cuando estaba en plena floración, llegó algún animal y la podó con saña. Ahora es un palitroque inerte. Mismamente como la cultura popular.

viernes, 19 de marzo de 2010

Toca escribir.-

La vida tiene sus servidumbres. La frasecita puede prestarse a equívocos, así que me apresuro a justificarla, no sea que el improbable lector piense que ha tropezado con un depresivo y no quiera seguir más allá. Ya es bastante con las noticias que llueven a diario sobre la situación económica y social que venimos aguantando desde que los jugadores del casino especulativo de las finanzas nos dejaron en la ruina.
Las servidumbres de que hablo son otras, más de andar por casa y en zapatillas. Son esas pequeñas obligaciones que conlleva la vida diaria de un jubilata urbano e informatizado. Una de ellas, alimentar este blog. Como suele ocurrir a diario, lo abro y veo que la última entrada de mi bitácora es del día 14, seis días ya. Esto, a las velocidades que nos movemos, supone casi una antigualla, casi un encefalograma plano para los habituales que entran en ella a ver qué ha dicho esta vez el individuo que la alimenta con sus ocurrencias, sus vivencias o sus salidas de pata de banco.
Total, que alimentar el blog es una servidumbre más y me apresuro a escribir para que nadie piense que uno hace dejación de sus obligaciones. No defraudar al improbable lector es una obligación que me he impuesto desde el momento que abrí este sitio. Lo que ocurre –para ser sincero– es que, a veces, uno da gato por liebre: da cantidad por calidad, en la creencia de que así tendrá contento al personal y lo “fidelizará”, según el barbarismo de moda. También es verdad que uno no escribe por obligación, sino que lo hace por gusto, lo que justifica sobradamente el trabajo que se toma.
Este día de san José, esta fiesta religiosa tan anacrónica en una sociedad laica, tiene todos los barruntos de la primavera y la ciudad presenta el aspecto de una capital de provincias. Creo recordar que antes a éste se le llamaba el día de “la fiesta del trabajo” y era muy celebrado en los tiempos del franquismo. En el Bernabeu, si no recuerdo mal, había una multitudinaria exhibición de coros y danzas de la Sección Femenina y acudían representaciones de toda España. Trajes regionales, tan coloristas, bailes de jotas aragonesas, castellanas, sardanas, sevillanas, muñeiras y todo el muestrario del folclore patrio concentrado. Era el gran día del trabajador, celebrado bajo la mirada paternalista de los jerarcas del régimen. Paternalismo con los trabajadores a condición de que fueran por el recto camino. O sea: sindicato vertical, disciplina laboral y sumisión al poder establecido.
La disidencia, nada del otro mundo en el ambiente laboral que yo me movía siendo jovencito, asomaba en forma de chascarrillo. Al “día del trabajador” lo llamábamos “día del puteo del obrero”, porque al obrero lo tenían todo el año jodido y este día, encima, le hacían bailar. Y el obrero estuvo dale que le das a los coros y danzas regionales hasta que, como decía Umbral, al césar visionario lo matamos de muerte natural.
Pero dejemos esas antiguallas de las que nadie se acuerda y recordemos cosas más interesantes. Por ejemplo, que estamos en el bicentenario del nacimiento de Federico Chopín. Leo en el Nouvel Observateur que en Varsovia se celebra el aniversario por todo lo alto con una interpretación de la obra íntegra del músico durante 24 horas repartidas en doce recitales a cargo de la Universidad Frédéric-Chopin, más infinidad de actos a lo largo del año, incluyendo el afamado concurso del mismo nombre de donde han salido figuras como Pollini, Ashkenazy o Zimerman. Yo, para celebrarlo en plan casero, escucho, mientras escribo esto, las sonatas y fantasías para piano, interpretadas por María João Pires, esa pianista portuguesa que tanto gusta a mi cuñado Berca.
Dicen que, cuando murió Chopin, defenestraron y quemaron su piano. Supongo que fue un acto de romanticismo extremo. El día que yo pliegue el petate seguro que nadie vendrá a prender fuego a mi bitácora. Más bien ésta flotará a la deriva en la galaxia Internet como una cagarruta informática más. No todos podemos aspirar a la gloria...

domingo, 14 de marzo de 2010

Inevitable Maigret.-


Ya tengo dicho en esta bitácora que los jubilatas de mi generación tenemos poco en común con los de generaciones anteriores. Apenas nos dan el cañuto de la licencia (como a los antiguos piqueros de Flandes) y ya estamos metiéndonos en nuevas batallitas. No hay ONG que no tenga su plantilla de jubilados. No hay universidad que no tenga una traílla de estudiantes provectos. No hay exposición que no esté copada por una caterva de jubilatas ansiosos por oír las explicaciones de la guía. En fin, no hay actividad, al margen de la laboral, que no esté saturada de jubilados de uno u otro sexo.
Yo soy uno de esos, claro está. Entre mis variados empeños está el de hablar con cierta corrección el francés, y por eso, cada ciertos años, voy a un centro de estudios a refrescar mis conocimientos. Esta vez estoy haciendo un cursillo de tres meses en la Alianza Francesa. Y hay que ver lo previsibles que son los designios de los docentes en esta materia: a la hora de estudiar un literato popular en lengua francesa, siempre me tropiezo con Simenon y su personaje Maigret.
Esta vez estamos trabajando con la novela L´affaire Saint-Fiacre, lo que me ha hecho recordar que hace un montón de años que conozco al comisario Maigret. Y, aunque pueda parecer chocante, podría establecerse una relación entre mi matrimonio y la obra literaria de Georges Simenon. Incluso se podría decir que existe una relación de causa a efecto: matrimoniarme fue la causa de que conociera a Simenon y su comisario Maigret. Bien es verdad que ni uno ni otro formaban parte del entorno familiar o de amistad de la que a partir de entonces es mi santa esposa.
Me explico.
Ya había oído hablar de ellos cuando mis tiempos de bachiller. Pero Simenon era uno de los muchos escritores de los que nos hablaba el profesor de literatura; un nombre más a recordar, a la hora de los exámenes, entre las docenas de autores que uno tenía que llevarse aprendidos. O sea: memorizado, examinado y olvidado, y a otra cosa, que había muchas asignaturas y no me cabían todas en la cabeza.
El caso es que (aunque no lo parezca, viene al caso), con el paso del tiempo, me casé y heredé una cuñada. Es cosa sabida que los que nos hemos casado “a la antigua” – o sea: el clásico matrimonio “para siempre” –, el día de la boda, junto con la novia, recibíamos en el mismo paquete un montón de suegros, cuñados y cuñadas, primos y sobrinos postizos y un largo etcétera de familia política como para llenar una agenda con nombres, direcciones, teléfonos, fechas de cumpleaños…
En fin, que mi matrimonio me aportó una cuñada, quien tenía en su casa las aventuras completas de Maigret, aunque en español. Aquellos años eran tiempos en los que se leía mucho, tanto como ahora se ve la tele, así que dedicaba horas y horas a la lectura y, claro está, me leí los 4 o 5 tomos.
Con el paso del tiempo, volví a tropezarme con Maigret. Hacía los cursos de francés en el CUID de la UNED y al tutor de tercero también le gustaba Maigret, así que trabajamos con la novela Monsieur Galet, décédé. Era la historia de un viajante de comercio que se había suicidado, aunque los indicios apuntaban a un asesinato.
Vuelven a pasar unos años más, voy a la Alianza Francesa y ¡zas! allí también me doy de bruces con el inevitable Maigret. Podría parecer un poco aburrido eso de tropezarse siempre con el mismo personaje, pero no es mi caso. A mí el comisario Maigret me cae simpático: siempre fumando en pipa, siempre con su gabán y su chapeau melon, me resulta tan entrañable como si fuera de la familia. Tantos años tratándole, para mí ya es “tío Maigret”, ese pariente extranjero, un poli tan célebre por otra parte, que heredé – el día de mi boda – junto con la cuñada que tenía en su casa las obras completas de Simenon.
Lo dicho: para toda la vida.