jueves, 25 de febrero de 2010

De disidencias y recuerdos de un viaje a Cuba.-

Al saber de la muerte en prisión, tras una larga huelga de hambre, del disidente cubano Orlando Zapata, me ha venido a la memoria el viaje que hicimos Teresa y yo, en febrero de 1999, a Cuba. Cada vez que surgen cuestiones sobre aquella hermosa isla, siempre me vienen emociones encontradas. Creo que es el único país de todos los que conozco al que fui movido por intereses que poco tienen que ver con la curiosidad turística.
Que a un disidente político – “preso de conciencia”, quería él que le consideraran – le dejen morir de hambre dice mucho de la obcecación y la ceguera de un régimen político como el cubano. Y a los que, desde jóvenes, hemos admirado la revolución cubana, nos deja un poso de desánimo y rabia por tanto ideal malogrado.
En aquel viaje la gente iba a Varadero a tostarse al sol y comer a dos carrillos y a disfrutar siendo servidos por dóciles cubanitos; nosotros íbamos a conocer el país y sus gentes. Gastamos zapatilla en callejear por La Habana y por Santiago, contactamos con personas que nos enseñaron cómo se vivía y sobrevivían y qué pensaban, y volvimos a Madrid convencidos de que nuestro propósito había merecido la pena.
La Habana, bella, con sus parques y sus calles trazadas a cordel, y ruinosa, con sus hermosas casas coloniales carcomidas, me produjo la sensación de una vieja dama a la que la pobreza y el abandono habían ajado sin misericordia. Allí conocimos a Boris, un universitario que nos adoptó – en su provecho, hay que decirlo - durante un par de días y que nos hizo conocer aquellos lugares donde vive la gente que no vive del turismo; donde los niños jugaban al béisbol en la calle con un palo y una pelota, y donde la gente deambulaba sin otro objeto que sobrevivir. Boris era crítico con el régimen, un hermano suyo había muerto intentando llegar al paraíso USA. Nos llevó a su casa: una salita de unos 8 metros cuadrados, llena de santos de una religiosidad ambigua, con un habitáculo encima (“barbacoas” llamaban a esos cubículos) que servía de dormitorio común. Allí vivía él con la madre, dos hermanas con 3 niños y un hermano pequeño en edad militar. Nos llevó a visitar alguna iglesia y nos ilustró sobre el sincretismo religioso entre el animismo caribeño-africano y el catolicismo. Nos sacó 50 $ por una caja de puros que su madre iba “distrayendo” de la tabaquera donde trabajaba, y nos abandonó una vez exprimidos. Nunca se lo reproché. La vida tiene sus exigencias…
Lázaro también era crítico con el sistema. Era un hombre culto, inteligente y amargado. Había trabajado en el Instituto del Historiador y no olvidaré cómo nos enseñó la Habana Vieja (la plaza de Armas, la catedral, la plaza Vieja…) y nos dio una lección magistral de historia mientras iba desgranando sus reflexiones políticas y sociales con un regusto de amargura. También supe que los cubanos, como cada quisque, tienen prejuicios. Copio las notas que tomé entonces: “Una cosa me ha llamado la atención: tiene prejuicios muy arraigados referentes a la “gente de Oriente” – la zona oriental de la isla – y al color de la piel. Según él el negro desprecia su propio color, y el blanco no quiere oscurecer la suya con mezclas. Según el sentir habanero, los santiagueños son los servidores del régimen: ellos alimentan las filas de la policía y el ejército; emigran de su tierra copando puestos de trabajo y vivienda en La Habana; trabajan en puestos para los que no están capacitados y son más dóciles que los de la ciudad”.
Comer en aquel “paladar” en Santiago de Cuba, junto a la Casa de la Trova, era una fiesta de colorido y bullicio. Un espacio abierto a la calle con grandes ventanales, con seis mesas a cuyos manteles se les da la vuelta cuando se cambiaba de comensal. Menú obligado, pollo con arroz, pan no, y cerveza cubana sin tasa. Cubanos y guiris en santo amor y compañía, prostitutas acodadas en la barra a la espera del turista y cuatro músicos (el grupo Casual, del que aún conservo una cinta de casete) con los que hermanamos y pasamos horas y horas de conversación entre cervezas y canciones.
Y Rafael, el jefe de seguridad de nuestro hotel en Santiago. Karateca, antiguo escolta de Fidel. Una noche nos llevó a un paladar a comer langosta y pescado (invitábamos nosotros) y el hombre nos preguntaba ¿Cuánto ganan ustedes? ¿Cuánto cuesta una casa, unas deportivas…? ¿Cuánto.., cuánto...?
Le costaba asimilar que, en nuestra sociedad, corriese tanto dinero.
En mis notas de aquel viaje asoman más personajes: el galleguito Pedro Pablo, que regentaba la Casa del Agua de La Habana y nos daba abrazos y botellas de agua fresquita; el antiguo catedrático de Pedagogía Histórica y actual vendedor de libros en la plaza de Armas, que nos hablaba de la “amistad soviética” que no hizo – en su opinión – sino subvencionar al pueblo cubano y mantenerlo gratuitamente hasta convertirlo en un pueblo de parásitos. Y nunca olvidaré al aduanero corrupto y de sonrisa abyecta que, para poder tomar el avión de regreso, nos sacó 20 $ por la visa, supuestamente extraviada, de Teresa.
Y, como me dio tanta rabia el incidente, estas son las últimas notas de aquel viaje: “¡¡Que Dios confunda a los funcionarios infieles a su deber, y que les den por el culo!!”
Yo, la verdad, volvería…

viernes, 19 de febrero de 2010

Cortes de mangas y capirotes.-

Yo, al señor Aznar le estoy agradecido. Qué quiere usted que le diga, improbable lector. Le estoy agradecido de cuando, en febrero de 2003, mister Ánsar andaba en contubernios con Bush el Infausto y Blair (y Durao Barroso, el mamporrero de las Azores y actual Presidente del Consejo) para aquello de declarar la guerra al moro infiel, o Eje del Mal que lo llamaban ellos. En aquellos lamentables días, hacía ya muchos años que yo había abandonado la universidad; aquella Complutense de finales del franquismo, donde día sí, día también, teníamos asambleas, huelgas, manifestaciones, carreras delante de los grises y, en el vestíbulo de Filosofía B, cantábamos el chunda-chunda de La Internacional (que muchos de nosotros no sabíamos más allá de lo de “Arriba los pobres del mundo…” y lo cantábamos por tocar las gónadas al Régimen). ¡Qué tiempos aquellos! Éramos jóvenes y creíamos que los pueblos forjaban sus destinos.
Ahora sabemos que los destinos de los pueblos los forjan los intereses de las corporaciones transnacionales, eficazmente auxiliadas por peones de brega como el señor Aznar. Eso sí, peones de alto standing y con absoluto convencimiento en las bondades del Sistema.
Pues bien. Con aquel invento tan chungo del Eje del Mal, de repente, volví a las ilusiones de la juventud. Volvía a creer en ideales polvorientos, tales como que los pueblos tienen voz y que ésta se puede manifestar en la calle, a falta de mejor foro donde expresarse. Volví a la calle y asistí a manifestaciones contra la guerra en la Puerta del Sol, ante la embajada de los Estados Unidos y allí donde la gente gritaba ¡No a la guerra! Fueron días en que no paraba; salía del trabajo y corría a la mani, donde quiera que hubiese una. Me volví a sentir joven, idealista: ilusionado, en fin. Me sentí parte del colectivo que cree en la fraternidad de los pueblos y que rechazaba la indecencia de quienes hacen guerras a cambio de petróleo. Por eso le estoy muy agradecido al señor Aznar, porque volví a tener fe en un ideal común y a sentirme joven, siendo ya cincuentón con costra y funcionario.
Ahora que veo y leo que el don ha hecho un corte de mangas a los estudiantes díscolos y faltones que le abucheaban en la universidad de Oviedo, he vuelto a recordar aquellos pasados tiempos en que creíamos en el poder de la palabra gritada. Pero a estas alturas, que le abucheen e insulten al susodicho, en vez de darle la espalda, dice poco bien del nivel de la universidad. También dice algo sobre el particular la noticia de que, entre las 100 primeras universidades del mundo, no hay ni una sola española. Y, también, claro está, lo dice casi todo cuando el conferenciante invitado es un individuo de la categoría intelectual del señor ese.
Puedo asegurar sin mentir que, en la universidad que yo conocí – La Complutense, donde íbamos el mogollón de clases medias que aspiraban al progreso social – jamás vi a ningún profesor hacer un corte de mangas a los revoltosos y que, más de una vez, soportaron con dignidad el descomedimiento de alumnos inflamados por la fe revolucionaria.
Pero, ahora, por lo que se ve, son otros modos. Me gritas “facha” y “asesino”, y te hago un corte de mangas mientras exhibo mi acreditada sonrisa despectiva.
¡Vamos, la crema de la inteletualidá!

lunes, 15 de febrero de 2010

Maruja Mallo: naturaleza viva.-

¿Cuántas veces he dicho en esta bitácora que soy un jubilata cultureta? Unas cuantas ya. ¿Y, qué hacemos los tales? Peregrinar de exposición en exposición, de libro en libro, de museo en conferencia, y, en general, cualquier cosa que lleve la connotación “cultural”. Es como el marchamo con que pretendemos distinguirnos del común de los mortales jubilados. Nos encanta ese barniz cultural tan vistoso con que cubrimos nuestros mediocres conocimientos dándole un aire más interesante a nuestras arrugas.
También a Maruja Mallo, ya bien ochentona, le gustaba maquillarse con colores vivos. Era la máscara con que cubría su cara porque perfilaba con más rotundidad sus rasgos y ofrecía contrastes más acusados que la simple piel desnuda. Era una artista y sabía que el cromatismo embellece la naturaleza.
Estuve viendo, en el vídeo de la exposición, la entrevista que le hicieron hace años y supe que era algo más que una artista de vanguardia y un miembro (¿una “miembra”?) del movimiento surrealista, entre otras facetas.

Fue una mujer que tenía las ideas muy claras. Nació en 1902 y murió 93 años después, y perteneció a esa generación de artistas e intelectuales de los años treinta que la guerra civil y la dictadura barrieron de España, dejando el solar patrio como un erial sólo apto para la recalificación urbanística y posterior negocio del ladrillazo.
Sin que se le corriera el rimel, se dice marxista y, por lo tanto –afirma–, anticomunista, ya que el comunismo no fue más que la profanación y prostitución de la dialéctica. En su opinión, la humanidad no ha producido más que arte, ciencia o guerras, y piensa que la soledad es el mayor patrimonio de cada cual y que el hombre se mide por la soledad que puede aguantar. Que una anciana diga tal cosa, dice mucho de su entereza y lucidez.
Si el improbable lector quiere conocer las etapas por las que transitó Maruja Mallo a lo largo de su vida artística, le recomiendo que se acerque a la Real Academia de BB. AA. de San Fernando y haga una visita. Yo dejo aquí alguna imagen de sus cuadros, tomada del folleto editado con ocasión de la exposición de sus obras.

miércoles, 10 de febrero de 2010

La economía (o lo que sea) "hace aguas".-

Ahora que el frágil esquife de la economía nacional navega a bandazos sobre aguas turbulentas, yo me salgo por la tangente para quejarme de esos chirridos que da el idioma cuando los economistas señalan con dedo admonitorio los agujeros por donde el barco de la economía carga agua. Me refiero a esa gilipollesca expresión de “la economía hace aguas”. Aunque ya ni me sorprende verlo escrito o publi-parloteado. Pero los economistas (y no sólo ellos) lo dicen desde lo más profundo de su ciencia. Yo no sé si los economistas (y no sólo ellos, insisto) tienen muy claro lo que, en español, significa “hacer aguas”, que me temo que no; aunque sí estoy seguro que han dado en el clavo: porque el sistema económico que sufrimos sí ha hecho aguas, pero mayores. O sea, una enorme cagada que nos ha salpicado a todos.
Me explico. Cuando yo era niño de pueblo, en algunos rincones discretos donde la gente aliviaba la vejiga en caso de urgencia, el municipio colgaba una tablilla donde estaba escrito: “Se prohíbe hacer aguas bajo multa de una peseta”. O sea, la ciento sesenta y seis coma trescientas ochenta y seisava parte de un euro actual. También, en aquella España rural, en las tabernas había carteles advirtiendo: “Se prohíbe cantar y blasfemar”, y la multa era bastante más gorda. Pero ahora no se trata de esto porque, desde que vivimos en una sociedad laica, blasfemar es una antigualla, y en cuanto a cantar, con eso del MP3 enchufado a la ojera, nadie sabe.
A mí, lo que me sorprende es que “hacer aguas” se pregone así, tan a las claras, sin que a nadie parezca importarle el despropósito ni se sonroje el auditorio, y se acepte por buena esa especie de quid pro quo que nace de la supina ignorancia del propio idioma, tanto por parte de los economistas como de cualquier “comunicador”, que solemos decir. Porque, digámoslo de una vez, “hacer aguas”, en buen castellano, significa “mear”; y si son “aguas mayores” significa “cagar”, pero dicho en plan fino. O, como dice el diccionario de la RALE, "expeler aguas mayores o menores". Y también lo dice María Moliner en su diccionario de uso del español. En fin, hacer aguas es tanto como orinar. ¿Queda claro?
Qui est hic, qui tanta et tam barbare loquitur?, según refiere don Julio Caro Baroja que dijo Benedicto XIV en referencia a un farragoso teólogo riojano. O sea, traducido a puntada gruesa: ¿Quién es ese que dice tales barbaridades?
Ese símil marinero de hacer agua, que se refiere a la vía de agua que se produce cuando un barco sufre una rotura del casco, es el que supongo pretenden usar los atrevidos economistas y otros expoliadores del idioma; pero, por lo visto, que la economía haga agua (así, en singular) les parece poco agua para tanto charco y han preferido que la vía de agua sean las aguas de una gran meada.
Será por aquello de ser jubilata cultureta, pero a mí me molesta enormemente la supina ignorancia y el desprecio pretencioso con que publicistas, periodistas, políticos y otros parladores públicos usan el idioma. Don Fernando Lázaro Carreter publicó durante años unos articulitos donde, a veces con retranca aragonesa, fustigaba el mal uso del idioma. Estos artículos se recogieron en un volumen que lleva por título El Dardo en la Palabra, del que yo tengo un ejemplar y que consulto de vez en cuando. Lo que invito a hacer al improbable lector de esta bitácora.
Me pregunto si sería tan costoso convencer a los estudiantes de periodismo y futuros voceros de los medios de comunicación que lo leyesen siquiera una vez en la vida, como debieran leer el Quijote o la Isla del Tesoro. Quizás así, los locutores de la tele y periodistas a mogollón (a más de economistas, publicistas, políticos, etc., etc.) no darían esas patadas al idioma, que parece que están pateando un melonar. Porque, hay que joderse, la jeringonza que se traen los tales en cuanto enchufas la tele, o abres la prensa, o escuchas la radio, que parece que han apostado a ver quién dice los mayores despropósitos con la seriedad de acémilas doctoradas en Salamanca, o masterizadas en Harvard. Que vaya usted a saber.

jueves, 4 de febrero de 2010

De políticos jubilados, pasta gansa y otras minucias.-

En estos días en que el FMI nos propone la fórmula mágica de empobrecer a los trabajadores (y clases medias, en general) para enriquecer a empresarios y así relanzar la economía, he estado leyendo en Le Nouvel Observateur las ocupaciones millonarias a que se dedica la caterva de ex presidentes, ex cancilleres, ex primeros ministros, y demás ilustres Ex, de los países democráticos. Al parecer, las sustanciosas jubilaciones que les pagan los Estados (que les pagan los ciudadanos) no son suficientes para su tren de vida, aparte que estos políticos en dique seco se aburren enormemente sin nada que hacer. Como consecuencia, usan sus amistades a alto nivel y sus contactos en el mundo financiero y de negocios para su lucro personal.
Todos ellos han utilizado la política como rampa de lanzamiento para su carrera privada. Cuando estaban en ejercicio todos suponíamos (como en la mili franquista se nos suponía el valor a los sorches) que lo hacían por un afán altruista de servicio a su país. Ahora, a la vista de sus negocios, nos damos cuenta de que no se trataba de una donación desinteresada, sino un préstamo a rembolsar con altos intereses. Crean fundaciones culturales o caritativas, dan conferencias, asesoran empresas y mezclan actividades de supuesto interés público con su lucro personal.
Los ejemplos, contrastados y con cifras que producen mareo, son tan abundantes que no caben en las notas de esta modesta bitácora, así que dejo únicamente algunas pinceladas para conocimiento – y escándalo o envida, según– de los improbables lectores.
Empecemos por Tony Blair, el inventor del socialismo descafeinado. Bernard Arnault (primera fortuna en Francia: Empresa Vouitton-Möet) le ha contratado como “Consultor a tiempo parcial” por un sueldo millonario. Recibió de un editor un adelanto de 7,5 millones por la publicación de sus memorias; la bagatela de cien veces sus ingresos anuales como antiguo primer ministro. Tiene una fundación caritativa, la “Faith Fondation”, donde se mezclan fines caritativos (recordemos que ahora es ferviente católico) y suculentos negocios. Hace cosas tan peregrinas como dar cursos en Yale sobre mundialización y fe, a cambio de un cachet de cientos de miles de euros. Desde que dejó Downing Street ha recibido 16 millones de euros.
El ex canciller alemán Schröder es amigo íntimo de Putin. A las tres semanas de dejar la cancillería, éste le nombró presidente del consorcio Nord Stream, empresa vinculada a Gazprom (200.000 € anuales). Propósito de esta empresa: construir un gaseoducto que suministre gas a Alemania por el mar Báltico para evitar su paso por Ucrania y Polonia. En marzo de 2006 la banca Rothschild le contrató a título de consejero, debido a su amistad con los oligarcas rusos próximos a Putin. En enero de 2009 recibió un cargo directivo en el grupo ruso-britanico TNK-BP, con 200.000 € anuales. Por sus pasados cargos políticos, recibe del Estado alemán 20.000 € mensuales, más la cesión de un apartamento, más coche con chofer, más 6 personas para su staff personal… Ah, sí, los alemanes le llaman Gazpron Kanzler (el canciller Gaspron).
¿Y Bill Clinton? Cuando dejó la Casa Blanca en 2001 debía 12 millones de dólares a sus abogados por el asunto Lewinsky (la becaria chupóptera). En ocho años se ha embolsado 36 millones por dar cursos y conferencias, alguno de ellos a 360.000 € la pieza ¡En 2006 pronunció 352 discursos! Un pequeño ejemplo: Irlanda, 2006, por asistir a un cóctel y verle su carita de rosa, se pagaron 700 € por persona; si, además, te llevabas una foto suya y un ejemplar de sus memorias dedicadas, 2.800 €; los privilegiados que se sentaron a su mesa pagaron 10.000 € sin perder la sonrisa.
Como anécdota, ahí queda ésta: Ronald Reagan, Japón, 1989. Por dos discursos de 20 minutos cada uno: 2 millones de dólares. O sea, 35.000 dólares el minuto ¿Quién da más?
Por aquello de hacer patria, no olvidemos a nuestro ínclito Chema, perpetuo guardián de los valores patrios. Sabemos que es “Profesor invitado” en la universidad Georgetown de Washington. Además, es el único “administrador” no anglosajón del grupo de prensa Murdoch; plato de suculentas lentejas con el que, por cierto, le gratificaron por su inquebrantable adhesión a la agresiva política de Bush el Nefasto. Además, es “consejero especial” del fondo de pensiones Centaurus Capital ¿gracias a quién? Al inefable Sarkozy. Y es presidente de la FAES, esa cátedra desde donde pontifica e imparte doctrina neoliberal concentrada.
Si el improbable lector de esta bitácora quiere saber más, que lea en los números 2359 y 2360 de Le Nouvel Observateur de estas últimas semanas. Yo ya he cumplido…

viernes, 29 de enero de 2010

Algo más sobre los tejos.-


De vez en cuando hablo en esta bitácora de ellos. Ya sé que es un tema poco conocido entre el común de la gente, y que un número no muy grande de personas los conoce y disfruta localizándolos y dejando constancia de su existencia. Son, sobre todo, personas que aman la naturaleza y viven el montañismo con intensidad; disfrutan observando las especies vegetales de nuestras montañas y campos, y, a veces, profundizan en su conocimiento ¿Quién, entre los aficionados a la naturaleza, no siente el placer de pasear por un bosque de robles, o por los hermosos pinares de nuestra Sierra? Si, además, se esfuerza en la localización y descripción de un árbol tan especial como el tejo (Taxus Baccata) – esta especie tan escasa en el Sistema Central –, puede convertirse en un experto que no sólo disfruta de su afición, sino que pretende transmitir sus conocimientos para que, a través de su difusión, se fomente el amor a la naturaleza.
Pues bien, con esta idea de dar a conocer algunos trabajos sobre el tejo, dejo aquí dos enlaces. En uno de ellos, el amigo Guillermo García Pérez, desde Madrid, explica cómo llegó a interesarse por la toponimia del tejo. El otro corresponde a un amigo asturiano (Fernando Justiniano, a quien no conozco personalmente) cuyo blog tengo entre mis favoritos, y que lleva mucho tiempo localizando y describiendo la ubicación de tejos en Asturias, y su estado de conservación, con hermosas fotografías.
Espero del improbable lector de esta bitácora que no deje de echar un vistazo a ambas informaciones. A lo mejor siente curiosidad y trata de identificarlos en parques y jardines (en el Parque del Retiro de Madrid hay una espléndida colección de ellos). Incluso en nuestro modesto parque del Calero, cerca de casa, hay un pequeño tejo entre las calles Virgen del Lluc y José del Hierro, del que dejo la foto que encabeza esta entrada.

domingo, 24 de enero de 2010

Mira qué te cuento, 1

Acabo de recordar que el año pasado fui colgando alguno de esos cuentos o historietas que van surgiendo en mi imaginación de jubilata ocioso y he decidido seguir con esa perniciosa costumbre de dar a conocer mis “genialidades” de escribidor frustrado. Lo de frustrado lo digo no porque no se me ocurran cosas que contar y no sepa cómo hacerlo, sino porque llevo años escribiendo historietas y no hay editor que venga corriendo a publicármelas. Frustración relativa, claro está, porque hay tropecientos escribidores a los que también les gustaría lo mismo, pero, como somos legión, formamos un baratillo de aluvión donde es difícil encontrar algo que merezca la pena.
Yo, por si acaso, como soy autor y editor de mi propia bitácora, aprovecho este medio para dejar constancia de mis ocurrencias. Si, además de leerme aquí, algún improbable lector está interesado, dejo aquí este enlace donde el amigo Ros, en sus "Letras por el desagüe", me permite colgar algunos de mis cuentos:
http://www.cosasdecine.com/letrasporeldesague/

http://www.canaldeoracion.com/.-
Suena el teléfono. En la pantalla del inalámbrico aparece: “identificación oculta”.
– ¿Diga…?
– ¿...El hermano Mateo Cantueso, por favor? – Se oye a través del auricular. Se trata de una voz cantarina, un tanto untuosa, como de alma en estado de gracia.
– Yo..., Sí… Esto... ¿Pero, quién llama? – Mateo Cantueso, dubitativo, no acaba de entender. – Pero, oiga..., es yo no tengo hermanos.
– Todos somos hermanos en el Señor – replica la voz, llena de convicción. Y añade: – Le habla la hermana Catherina. De acuerdo con la normativa vigente, esta conversación será grabada para su seguridad. hermano Matero ¿Ha oído hablar usted del Canal de Oración? ... ¿Dice que no? Con mucho gusto le informo. Canal de Oración es una nueva forma de conectarse con el Señor.
– Ya, pero es que yo ya tengo tarifa plana y no me va mal – Replica Mateo, que está a punto de colgar.
Es inútil. Aquella voz, meliflua y convincente, va desgranando todas las ventajas de suscribirse a la Nueva Iglesia Telemática
www.canaldeoracion.com Una Iglesia de reciente fundación que está abriéndose paso en el mercado de la salvación eterna. Fundada por un lobby de creyentes, con capital no especulativo procedente de donaciones privadas. Una forma distinta de conectarse con la Divinidad, sin intermediarios, durante las 24 horas del día. 45 € al mes, IVA incluido y con derecho a retroacción si, al cabo de tres meses, no está satisfecho del producto.
– Es que, verá usted – intenta justificarse Mateo – yo soy más o menos católico ¿Sabe…? Me viene de familia. Cosa de la costumbre... Usted me comprende ¿No?
– ¿Alguna vez ha pensado en la cantidad de intermediarios que hay en la Iglesia Católica? – insinúa la voz de la hermana Catherina. Y añade con tono admonitorio: – Piense, piénselo usted.
Y Matero lo piensa por unos instantes. Desde el cura de su parroquia, hasta el Papa en el Vaticano, hay un montón de jerarquías: párrocos, arciprestes, abades, obispos, arzobispos, cardenales... Eso sin contar todos los curas, frailes y monjas repartidos por el mundo; a los que hay que añadir Legionarios de Cristo, Quicos, miembros del Opus, Damas del Ropero, catequistas, cofradías, beatas de escapulario, devotos de misa diaria... Prácticamente, las plazas que la Iglesia Católica tiene asignadas en el cielo ya están reservadas a su nombre. Nadie garantiza a los fieles de a pie que puedan conseguir una, y pensar en la reventa es tontería, siendo un producto tan solicitado.
– ¿Lo ve usted? – le dice la hermana Catherina, convincente.
Como quien tira suavemente del sedal para que el pez no escape, la hermana Catherina va desgranando las ventajas de Canal de Oración:
– Hilo director con la Divinidad, sin intermediarios, a cualquier hora del día o de la noche. Es suficiente entrar en
www.canaldeoracion.com para colmar sus necesidades espirituales. Acceso gratuito al chat del Creyente, donde podrá intercambiar oraciones, consejos espirituales y recetas de cocina que estimulan el fervor religioso. En caso de avería, o desconexión fortuita, el servicio técnico, atendido por Pastores experimentados, mantendrá su contacto espiritual a través de un teléfono gratuito hasta la reparación.
– Bueno... El caso es que casi me ha convencido – dice Matero con un asomo de duda. – Déjeme usted que me lo piense unos días...
– Le advierto que quedan pocas plazas libres en el Paraíso – dice la hermana Catherina. – Con tantas Iglesias y religiones como hay por el mundo, la competencia es tremenda. El valor especulativo de las parcelas celestiales está creciendo exponencialmente. No se lo piense demasiado. Es una oportunidad única de la que nunca se arrepentirá. Además – remacha la hermana Catherina – es una oferta limita de lanzamiento. La semana que viene cobraremos un canon de 100 € al hacer la conexión.
Mateo Cantueso cuelga y recapacita. “Vamos a ver qué dice la competencia – piensa – a lo mejor están de rebajas y me ahorro unos euros. Además, más vale lo malo conocido…” Entra en el Google y busca una dirección. Luego, coge el inalámbrico y marca un número de teléfono:
– Oiga... ¿es el Arzobispado? ¿Con monseñor Rouco...?

domingo, 17 de enero de 2010

Una caminata a orillas del Manzanares.-


El Manzanares es un río que siempre ha despertado cierta conmiseración, si no desprecio, por lo menguado de su caudal, hasta el punto de que le han llamado “aprendiz de río”. Sin embargo, hasta llegar a Colmenar Viejo es un auténtico río de montaña y caminar a su vera en el tramo que va desde este pueblo hasta Manzanares el Real resulta de lo más interesante desde el punto de vista paisajístico y por el aprovechamiento de sus recursos hídricos. Nos hemos calzado las botas de senderistas este pasado sábado para remontar el río por su orilla izquierda, siguiendo la llamada Senda Real, con un suave y continuo desnivel de unos 300 metros que va ganando altura hasta llegar a la cola del embalse de Santillana. Esta Senda Real se identifica con el GR 124 y también con el “camino de Santiago” que han hecho nacer en Madrid y atraviesa la Sierra para entrar en tierras segovianas a la altura del puerto de la Fuenfría. A lo largo del recorrido hecho pueden verse las balizas del GR y las flechas amarillas que marcan el camino jacobípeta.
Al poco de ponernos en marcha llegamos a la presa del Grajal, inaugurada en 1908. Fue un proyecto hidráulico que tenía por finalidad proporcionar agua y energía eléctrica a la zona norte de Madrid, dentro del plan hidrológico dirigido por el marqués de Santillana. Próximo a ella, el puente del Grajal que formaba parte de una vía militar construida por los árabes en la Edad Media. Y curso arriba, la central eléctrica de Navallar, que entró en funcionamiento en 1900 y fue la primera que proporcionó luz eléctrica a la ciudad de Madrid. Una placa conmemorativa en el actual edificio, remozado en 1950, recuerda el hecho.
A lo largo de este tramo del río había abundancia de molinos hidráulicos y batanes que quedaron obsoletos desde el momento que la electricidad permitía instalar nuevas fábricas más próximas a las poblaciones. En nuestro caminar nos hemos tropezado con las ruinas de un antiguo batán, todo él construido en buena piedra de sillería.

Todavía pueden verse tres arcos de medio punto semienterrados por donde desaguaba el caudal que movía los ingenios. Un pozo en forma tronco cónica, todo él forrado de sillería, situado un poco por encima del conjunto, recogía el agua que servía para mover la maquinaria. Actualmente el pozo está semi cubierto por la maleza y el incivismo de algunos ha hecho que su interior se vea convertido en un basurero con bolsas de plástico y desperdicios. La desidia por nuestro patrimonio es proverbial y da grima.
Nuestro camino continúa hasta cruzar bajo el viaducto que soporta la carretera que lleva a Manzanares el Real y allí cruzamos el río por un viejo puente de un arco de medio punto, pero que no es el conocido puente del Batán, que está un poco más arriba. Pasamos junto al lugar llamado Valderevenga y de allí al alto del Enebrillo, donde nos pelamos de frío mientras comemos el bocata preceptivo en todas las marchas montañeras. Un rato después, llegamos a Manzanares caminando sobre la vieja carretera que cruza por la cola del embalse.
El paisaje a nuestro paso es adehesado, con abundancia de encinas y enebros arbustivos, aparte la vegetación de ribera junto al río. El monte bajo lo constituyen matas de jara pringosa, rodales de cantueso, matas de mejorana y tomillo, enebro rastrero, algún lentisco… De aquí a pocas semanas, en cuanto empiece a barruntarse la primavera, todas estas plantas aromáticas empezarán a florecer y el ambiente se impregnará de ese característico aroma a monte que uno encuentra al pie de la sierra madrileña.
Con la intención de volver a calzarme las botas y andorrear los montes, regreso a casa y me apunto a la siguiente salida, que nos llevará de Canencia hacia lo alto de la Cachiporrilla, y de allí al valle de Lozoya, para terminar en Rascafría. Y es que uno no hace más que llegar a casa, darse una ducha y ya está echando de menos los espacios abiertos.
Ya lo dice el refrán: “El jubilata tira al monte…”

martes, 12 de enero de 2010

Viajando en casa.-


Estos días de invierno hace un frío del carajo, así que me he puesto a viajar sin salir de mi pequeño estudio. Y el viaje que estoy haciendo no es cualquier cosa, oiga: casi todo él en tren, desde Londres hasta Singapur; luego, en avión hasta Japón para, desde allí, dar un salto a Manchuria, atravesar toda la antigua Unión Soviética y regresar por el norte de Europa hasta llegar de nuevo a Londres. Todo ello, ya digo, sin moverme de la silla.
Como el mío no es un cuerpo astral, ya puede suponerse que el viaje lo hago a través de un libro: El gran bazar del ferrocarril. En tren a través de Asia, editado por Plaza & Janes, Barcelona, 1978.
Su autor, Paul Theroux, nació en EEUU de padres emigrantes y es viajero inveterado y novelista. Dio clases en universidades norteamericanas, en países africanos y en la universidad de Singapur. De su gran afición a viajar nació la obra a la que me refiero. De todos los medios de transporte siempre ha preferido el tren, y el viaje que describe lo realizó en 1973 enlazando líneas férreas que le llevaron hasta Turquía e Irán. Atravesó Afganistán utilizando transportes de ocasión (no hay ni una sola línea férrea en ese país). Cruzó Pakistán, atravesó la India y saltó a Sri Lanka. De nuevo en la India, costeó el Golfo de Bengala, atravesó Tailandia, llegó a Singapur. Desde aquí, en avión, se desplazó a Japón, país que recorrió en tren hasta Sapporo, en el norte y, de nuevo, al continente asiático para atravesar la URSS, Polonia, Alemania, Holanda y rendir viaje en Londres. Un viaje que me ha llevado muchas y gratas horas de lectura.
Uno ha hecho un largo kilometraje de lecturas de libros de viajes y encuentra que cada uno de ellos es peculiar y no ve el mundo de la misma forma. De El gran bazar… me ha llamado la atención que se trata de un viaje por el puro placer de viajar en ferrocarril; el objetivo es el propio viaje. Es como ese empeño de Phileas Fogg por dar la vuelta al mundo en ochenta días, saltando de transporte en transporte, sin dignarse echar una mirada curiosa sobre el mundo que recorre. A Paul Theroux le pasa un poco lo mismo, no le importa tanto observar las gentes, los lugares, las culturas por las que transita, como encontrar plaza en los variopintos ferrocarriles que usa a lo largo de su recorrido.
Yo creo que Paul Theroux y el personaje de Julio Verne están aquejados, lo mismo que el turista actual, de lo que Unamuno llamaba topofobia, que no es más que el ansia de llegar a un lugar para salir de allí corriendo. Bien al contrario que Ryszard Kapuścińki. Cuenta éste en Viajes con Herodoto que, siendo joven reportero en un periódico polaco, su gran obsesión era "atravesar la frontera". Ni siquiera viajar, sólo el hecho de atravesar la frontera colmaba todas sus aspiraciones. Pero ha hecho mucho más que atravesar físicamente infinidad de fronteras. Sus viajes como corresponsal a la India y China y las largas estancias en la convulsa África de los años de independencia colonial no le convirtieron en un viajero que echa una mirada curiosa o distraída: le enseñaron a ver a “los otros”. Descubrió lo que él llama la otredad; esto es, tuvo ojos para ver a las gentes con las que se codeaba a diario en Addis Abeba, Jartum, Teheran, Dar es Salam… y tratar de comprender qué pensaban, cómo era su universo mental, el por qué de sus formas de vida.

Lo que me recuerda, y termino ya para no alargarme – que luego el improbable lector se me aburre –, esta frase de Alexandra David-Neel que leí no sé dónde: Celui qui voyage sans rencontrer l´autre ne voyage pas, il se déplace. Un servidor, que está viajando mucho últimamente caballero en la letra impresa, no se desplaza; más bien quiere encontrar al otro, a la humanidad, a través de quienes vivieron la experiencia y nos la contaron.

miércoles, 6 de enero de 2010

Toponimia del tejo.-


Algunas veces, en esta bitácora, he dejado referencias, en mis marchas montañeras, sobre la existencia de tan espléndido árbol bien porque hemos dedicado la marcha a la localización de algunos ejemplares, bien porque los he visto al paso y he hecho alguna foto. Bajo la etiqueta Tejos de esta bitácora he dejado constancia, a veces muy de pasada, de ellos.
Experto no soy respecto a su naturaleza, sus emplazamientos o las características específicas del mismo. Sin embargo, el amigo Guillermo García Pérez sí lo es. Ha localizado e inventariado gran cantidad de ejemplares silvestres y algunas tejeras en el Sistema Central, y se ha especializado en la toponimia basada en la existencia, presente o pretérita, del taxus baccata en los lugares a que dio nombre.
Fruto de este empeño es la publicación cuyo enlace dejo aquí, por si algún improbable lector de estas páginas estuviese interesado en el tema:

http://oa.upm.es/1979/1/GUILLERMOART_2009_01.pdf

El artículo Toponimia del tejo en la Península Ibérica, ha sido publicado en la revista Ecología, núm. 22-2009 y está disponible en Internet bajo el enlace arriba reseñado.
Encabezo esta pequeña entrada con la foto de un tejo espléndido que encontré el verano de 2008 en una vacaciones que pasamos Teresa y yo en Vinuesa y Tierra de Pinares, y visitamos la Laguna Negra (está muy próximo a ella) y las sierras de Urbión.

viernes, 1 de enero de 2010

Buenos propósitos para 2010.-

Ya sé que sirven de poco, pero he decidido hacerlos. Aunque no sea más que para descubrir que no los he cumplido. Recuerdo que, cuando era chaval de derechas y nacional-católico, tenía que confesarme con frecuencia (creo que una vez por semana) y tal acto requería estas tres condiciones: contrición, propósito de la enmienda y decir los pecados al confesor. La cosa resultaba bastante difícil de cumplir porque pecar, lo que se dice pecar, a ver qué pecados podía cometer un crío más ignorante que el asa de un cubo y sin maldades de las que echar mano, aunque solo fuera para darse importancia en el confesionario. A falta de tenerlos, me inventaba los pecados, con lo que hacer contrición por pecados no cometidos era algo complicadísimo y no digamos lo del propósito de la enmienda. Durante años nunca me enmendé de inventar pecados; el sentido de culpa que nos inculcaban en aquel entonces era una fuente inagotable.
Ahora que no me confieso ni con el psicólogo de guardia, sigo teniendo problemas de contrición y de propósito de la enmienda. La fase vital en la que me encuentro – jubilado y en mi tercera y última juventud – no da para grandes pecado; si acaso, para pequeños y que resultan anodinos de puro reiterados. Pecata minuta de los que uno no se puede arrepentir sin riesgo grave. Pudiera ocurrirle a cualquiera en mi situación que, a fuerza de no pecar, descubriera que no es que sea un santo, sino que está muerto y por eso ni peca ni nada de nada. Pero, bueno, casi mejor no me meto en teologías tan complicadas.
Por esa razón, he decidido confeccionarme una lista más o menos imprecisa de buenos propósitos, para tener algo de qué arrepentirme. Como sé que no los voy a cumplir, tendré una estupenda excusa para mostrarme contrito y enmendarme, haciendo nuevos propósitos que tampoco cumpliré; y así de forma indefinida a todo lo largo del año. O sea, que ya tengo un objetivo para este 2010 recién estrenado.
Ah, se preguntará el improbable lector de esta bitácora ¿Pero, por fin, qué propósitos son esos? Pues, la verdad, tampoco los tengo muy claros. Pero tengo el firme propósito de hacerme algunos buenos propósitos que no me esforzaré en cumplir. ¿Queda claro?

Aunque no tenga nada que ver con este asunto, dejo esta foto de un bonito olivo que hay en el parque del Calero. Dice la leyenda griega que la diosa Atenea ofreció a los atenienses el olivo a cambio de que ellos la nombraran protectora de la ciudad de Atenas. Poseidón también les ofreció protección para su ciudad, simbolizada por la doma de los caballos. Esto es, Atenea les ofreció los frutos de la cultura, mientras que Poseidón les ofrecía el poder guerrero. Los atenienses, pueblo inteligente, prefirieron la primera opción. Creo que yo también prefiero los frutos de Atenea y espero que la diosa de ojos de lechuza me sea propicia.
Como propósito para este año vale ¿No?

lunes, 28 de diciembre de 2009

Inocente, inocente.-


A mí, como a tantos otros, se me había ocurrido celebrar este día de los Inocentes escribiendo alguna de esas noticias inverosímiles, como suele ser habitual en los medios de prensa en esta fecha, y como lo ha hecho mi amiga Rosa María en su blog http://rosamariaartal.wordpress.com/
Antes de ponerme a la tarea, tuve la curiosidad de ver qué decían los evangelios respecto a los santos inocentes y me encuentro que sólo el evangelista Mateo habla de tal suceso. Dice: Tunc Herodes videns quoniam illusus esset a Magis, iratus est valde, et mittens occidit omnes pueros, qui erant in Bethlehem, et in omnibus finibus eius a bimatu et infra secundum tempus, quod exquisierat a Magis. (Mateo, II, 16). No traduzco el párrafo porque el episodio es de todos conocido. Ya se sabe, Herodes iratus est valde, se cabreó mogollón por el engaño de los Magos, que se volvieron a su tierra sin decirle dónde había nacido el niño-rey, así que mandó dar matarile a todos los niños de Belén y sus alrededores. La leyenda hagiográfica quiere que los sicarios del rey pasaron a cuchillo a millares de ellos (entre 3.000 y 15.000), lo que demostraría, en primer lugar, que el rey era bastante estúpido y un negado como estadista al aniquilar a tantos miles de potenciales contribuyentes y llevar a la ruina – por toda una generación – a toda una comarca que le proporcionaba ingresos en sus arcas y mano de obra barata.
Herodes I el Grande tenía mala prensa entre los judíos. No era judío, su educación era griega, propia de las elites de la época en Oriente y, dicho llanamente, era un mandado y un ejecutor de la política de los invasores romanos en la zona. Fue nombrado procurador de Judea por Julio César el 47 antes de nuestra era. Se hizo con el poder derrocando a la casa reinante de los Asmodeos, estos sí de estirpe judía, y consiguió de Marco Antonio el título de rey de Judea.
Si le dieron el título de “El Grande” no fue por casualidad. Mandó reconstruir el templo de Jerusalén el 21 a.n.e (para congraciarse con los judíos); construyó la ciudad portuaria de Cesarea, entre Tel Aviv y Haifa; y el año 25 (eran tiempos de hambruna) invirtió gran parte de su tesoro para comprar trigo a Egipto con el que alimentar a la población. Pero, eso sí, era un gentil y factotum de la política romana, razones más que suficientes para que los judíos le odiasen a muerte. Quizás por ahí habría que rastrear ese odio cerval hacia el personaje que el propio evangelio nos ha transmitido hasta el día de hoy.
Según el censo ordenado por el gobernador romano Quirino - motivo por el que José y María se trasladaron a Belén - en este pueblo no habría más allá de 800 habitantes, lo que daba un natalicio de unos 20 niños por año. Habida cuenta que la mortalidad infantil estaba en torno al 50 %, una cosa – burra, eso sí – es matar entre 10 y 20 niños y otra exterminar a 15.000, que a ojo de buen cubero, podría ser la natalidad de casi toda Judea en un año. Item más, Flavio Josefo, historiador judío que nació el 37 d.n.e., no dice nada de este episodio sangriento en su Antigüedades Judías, donde hace una mención de Jesús.
Pues eso, que la historia desmiente o, como poco, no corrobora lo que el evangelio de Mateo pretende. De ahí el sentido profano de las bromas de este día. Si una imputación calumniosa ha sobrevivido ya veinte siglos entre las gentes de Occidente, es una buena razón para que el personal se lo tome a cuchufleta y se ría en buen plan de sus semejantes, siquiera un día al año.
Pensándolo bien, para inocentada, la que los propietarios de Air Comet nos han hecho a los españoles. Montan una compañía aérea para ganar dinero, como manda la ortodoxia capitalista; como el negocio no funciona, dejan en tierra a unos miles de viajeros que ya han pagado sus billetes y el Estado español (todos nosotros, no se olvide) tiene que fletar aviones para que la gente viaje allí donde su billete les daba derecho. Y para que la broma sea más pesada, ningún responsable del latrocinio va a la cárcel.
Ya se sabe cómo funciona el invento: se capitalizan ganancias y se socializan pérdidas. Que “el pueblo cabrón” (como decía don Santos Banderas – el Tirano Banderas de Valle Inclán) pague la inocentada.

martes, 22 de diciembre de 2009

Historia verídica (esta vez, sí) de navidad.-

Esta tarde, día del sorteo navideño y la consabida felicidad aneja, Teresa y yo hemos salido a dar una vuelta por el Madrid borbónico. Paseamos la plaza de Oriente y aledaños. Llueve con fuerza, así que nos acercamos al mercado de San Miguel, junto a la plaza Mayor. Una hermosa muestra de la llamada arquitectura de hierro con crestería de cerámica en sus cubiertas, construido a principios del S. XX. Con la última remodelación en mayo pasado dejó de ser un mercado popular para convertirse en un centro comercial elitista, con tiendas de gourmet y exquisiteces. Un lugar de lujo y refinamiento, digno de ser visitado.
Ya digo, llueve como no suele llover en esta ciudad. Deambulamos por entre los puestos, observando las instalaciones, los productos, los precios… Hay mucha gente, turistas con cartera generosa y clase media con la paga extra recién estrenada y con ganas de darse algún capricho. Todo perfecto, hasta que vemos junto a uno de los accesos a un empleado del mercado que forcejea con un tipo desarrapado. El desarrapado blande una muleta y se empeña en que le dejen entrar. El empleado, joven, le sujeta los brazos y le empuja hacia la salida. El desarrapado se resiste a los empujones del hombre joven, hasta que llega corriendo otro empleado y entre ambos lo tiran a la calle. Lo tiran, no lo sacan. El pobre de pedir sale volando sin tocar los cuatro o cinco escalones que hay desde el mercado a las baldosas de la calle, y cae al suelo agarrado a su muleta. Cuando todavía no hemos sido capaces de reaccionar, sale corriendo otro empleado, éste además de joven es fuerte, salta los escalones y le propina dos patadas en la espalda al desarrapado de la muleta que está tirado sobre el pavimento. Este ni grita ni se queja; se levanta y se va renqueando a un portal donde hay dos pobres más guareciéndose de la lluvia.
Algunas de las personas que estamos allí, por fin, somos capaces de reaccionar y le gritamos al héroe que le está dando las patadas al mendigo. Le amenazamos con llamar a la policía y denunciarle, y de algo sirve: sólo han sido dos patadas. Le grito mi protesta al individuo de las patadas: a ver si, porque el otro es pobre y mísero, él tiene algún derecho a darle una paliza. El héroe de los patadones en la espalda del mendigo se pierde entre el remolino de gente y dice al pasar junto a mí: “pues llame a la policía”. La impunidad está asegurada.
Nos acercamos al portal donde los mendigos. El que ha recibido la paliza se ha dejado caer sobre unas bolsas, junto a sus dos compañeros. Observo que tiene varios dedos de la mano derecha vendados; una de tantas heridas en la lucha por sobrevivir. Ahora, posiblemente, tenga además, alguna costilla astillada o rota. Teresa le pregunta, él ni responde; apenas se lamenta un poco, tirado sobre las bolsas. Intentamos un diálogo con los otros dos, pero nos observan con indiferencia. Ante la insistencia de Teresa, uno de ellos responde que ya le había advertido a su compañero que no intentase entrar. El otro saca un par de cigarrillos y le tiende uno al que se ha molestado en hablarnos.
Y ahora, un poco de demagogia, que para eso es navidad. Recuerdo el incidente de estos días pasados, en el que a un periodista de Telemadrid le dieron una patada y le rompieron unas costillas. La Presidenta de la Comunidad salió en defensa de “su” periodista, dijo lo que le salió de las meninges, alborotó el cotarro político y perdió una ocasión estupenda para estar callada. Según parece, lo de la agresión fue en un bar de copas, de madrugada, y con los ingredientes usuales en estos casos: alcohol, machada y mujeres. Pero, eso sí, era un incondicional de su ideología y trabajaba en “su” cadena televisiva. Pero el incidente de hoy, un mendigo pateado por atreverse a entrar en un lugar público –pero elegante, eso también–, no es más que un burdo suceso donde los ingredientes no son más que la miseria, la suciedad, la pérdida de dignidad humana. Al mendigo le está bien empleado, por miserable y por desecho social. Seguro que no volverá a intentar entrar en el mercado de San Miguel que no olvidemos es un lugar público. Yo tampoco.
Y, como todos los cuentos tienen moraleja, éste, a pesar de ser verdadero, también: Feliz miembro (o “miembra”) de la clase media, ojala no te quedes sin trabajo y con una hipoteca royéndote los calcañales, porque corres el riesgo de terminar como el mendigo que hoy he visto moler a patadas. Reza conmigo ¡Virgencita, que me quede como estoy!

domingo, 20 de diciembre de 2009

Cuento de Navidad.-

Corría el 2009, segundo año de recesión tras la primera gran crisis financiera del siglo. Era un 22 de diciembre y en la radio los niños de San Ildefonso desgranaban la cantinela del sorteo navideño. Jonathan, comercial en una financiera, fue al departamento de recursos humanos a por el paquete de navidad.
A Jonathan, sus padres le pusieron ese nombre tras chutarse una sobredosis de posmodernidad hacía ya treinta años. Jonathan veía su porvenir laboral con cierto optimismo no exento de preocupación: acababan de despedir a compañeros suyos que habían pasado de la cincuentena, y los cuarentones estaban pendientes de una nueva regulación de empleo. A él, según le dijeron, no. La mera casualidad biológica hacía que él no estuviese en el grupo de riesgo. De cualquier forma, el turrón de estas navidades iba a tener un sabor amargo para sus compañeros de más edad.
A pesar de todo, el aspecto del paquete de navidad no dejaba traslucir los problemas por los que atravesaba la financiera: en su envoltorio, de un plateado brillante, corrían un sinnúmero de trineos arrastrados por un tiro de renos modelo waldisney, volteaban alegres campanitas doradas y las ramitas de acebo mostraban sus racimos de rojas bolitas brillantes. Un papá Noel de repetición mostraba, con su figura diseminada aquí y allá por el envoltorio, su sonrisa estereotipada. Pero la tópica alegría navideña, serigrafiada en el papel de regalo, era una mueca burlona que a Jonathan le producía un desasosiego del que no sabía cómo librarse.
Desde media mañana, la caja con sus botellas, sus turrones variados, latas de conserva y sus barras de embutido, estaba depositada a los pies de su mesa. Cada vez que se movía en su asiento, sus piernas tropezaban con ella y, cada vez que le echaba un vistazo, se tropezaba con la mueca sonriente del papá Noel. Era una sonrisa parecida a la del director de recursos humanos: profesional y de conveniencia. Aquella misma sonrisa con la que le había recibido en su despacho a primeras horas de la mañana.
En aquella entrevista le había comunicado la satisfacción de la empresa por su eficacia laboral, le tranquilizó respecto a la volatilidad de su puesto de trabajo y le sugirió que, para el próximo año, el reajuste de costes obligaba a rebajarle un siete por ciento su masa salarial a fin de capear la crisis. Pero allí estaba el regalo de navidad, aquella caja con su envoltorio plateado, sus trineos tirados por renos voladores, campanitas doradas y bolitas rojas de acebo. Una promesa de felicidad navideña y estabilidad laboral para el nuevo año. Los múltiples Papás Noel, impresos sobre fondo plateado, así lo garantizaban con su sonrisa de portavoz oficial de felicidad, y el jefe de recursos humanos lo refrendaba con su sonrisa profesional, calcada de la del reiterado Papá Noel del envoltorio.
Jonathan salió tarde de la oficina aquel día. Un cliente se resistía a suscribir una póliza de riesgo y él tuvo que emplear a fondo sus habilidades de comercial. Eran casi las ocho de la tarde. El alumbrado navideño se sobreponía, con sus mil destellos, al gris de la contaminación y las rodadas de los coches convertían en chapapote turbio los restos de la última nevada. Las fiestas navideñas eran un hecho irremediable.
Nada más salir, Jonathan cruzó la calle con su paquete de navidad y se acercó a unos contenedores de basura. Miró a los lados, por si alguien le veía, y depositó al pié la caja con todos sus turrones y botellas. Se alejó con paso rápido hacia el metro.
Desde el envoltorio plateado, entre las basuras, el Papá Noel de serigrafía le veía alejarse sin alterar la múltiple mueca de su sonrisa.

martes, 15 de diciembre de 2009

Partir la cara.-

Hace un par de días, a Berlusconi, en Milán, un loco le ha roto literalmente la cara. He oído en tertulias varias que tal acción ha de ser reprobada sin ambages, que de ninguna manera puede justificarse tal agresión, ni siquiera en la persona de un político como el Berlusco. Eso es lo políticamente correcto. Pero un servidor tiene sus reservas respecto al bla-bla-bla cargado de sensatez de los tertulianos radiofónicos. Porque, siendo sinceros, ¿A qué ciudadano no le gustaría romperles la cara a sus políticos? A mí, sí. Otra cosa es que lo haga, ni aún teniendo la posibilidad, como el loco de Milán. Pero que se lo merecen y que ganas no nos faltan, sin lugar a dudas.
Ayer se reunieron en el Senado los presidentes de las comunidades autónomas. El gobierno de la nación trataba de colocarles el producto milagroso para salir de la crisis. Por supuesto, no llegaron a ningún acuerdo. No está el PP para hacer favores al Zapa, menos cuando la crisis económica y sus consecuencias sobre el paro ponen en evidencia que no saldremos del infierno recesionario tan fácilmente. Y ya se sabe la consigna: ¡ZP, culpable! En esas circunstancias, hay que ser un político muy torpe para echar una mano y que luego el ZP se lleve todas las alabanzas y, lo que es peor, salga reelegido.
Pero el ciudadano que patea el asfalto no comprende las sutilezas de los políticos. Lo que quiere es que, siquiera en asuntos como sacar al país de la recesión, se pongan de acuerdo y empujen todos del mismo lado del carro. Cuando lleguen las elecciones, ya decidiremos con nuestro voto quién nos parece mejor, si el gobierno que encarriló o la oposición que ayudó a salir del atolladero.
¡Ilusiones de jubitala ocioso! Se reunieron en el Senado y perdieron el tiempo y agotaron, una vez más, nuestra paciencia. Y luego se extrañarán que haya locos que rompan caras tan bien cuidadas como la berlusconiana.
El problema que yo veo en eso de romper caras de políticos, aparte lo que tiene de reprobable moralmente, es lo caro que nos iba a salir. Primero habría que comprar muchas, muchas réplicas de la Cibeles (lo del duomo de Milán quede para los locos de Italia) y luego perder una enormidad de tiempo yendo tras los políticos hasta poder chafarles la jeta, más el gasto público en cirujanos y odontólogos que remienden narices y dientes
rotos.
La cosa resultaría costosa (en tiempo y dinero) y antiestética, con nuestros políticos saliendo por la tele con la cara hecha un cristo. Yo propongo la solución más civilizada del periodista iraquí que le tiró los zapatos al Busch. ¿Quién no tiene por casa un par de zapatillas viejas? Pues eso serviría perfectamente. Zapatazo al don Tancredo político, que eso libera tensiones. Hasta el turrón nos iba a saber más dulce estas navidades.
(
La foto del Berlusco la he tomado prestada, con perdón, de un ejemplar del ADN)