domingo, 15 de septiembre de 2013

11 de Septiembre.-

Hay fechas que se nos están haciendo míticas a fuerza de eventos cuyo denominador común no es otro que haber coincidido en un determinado día. Es lo que le está pasando a los Once de Septiembre, que parece que el mundo se pone patas arriba  y todo quisque habla de ellos como si fuesen el final del calendario maya o el comienzo de una nueva era. Un servidor ha tenido la curiosidad de ir a la Wikipedia a ver qué decía al respecto. Sorprende la cantidad de sucedidos a lo largo de la historia en tal fecha. Se podría hacer una tesis doctoral.

Pero este jubilata tiene pretensiones más modestas y solo hablará de los Once de Septiembre que ha vivido. Empezando por aquel aciago de 1973, cuando el heroico espadón Pinochet, bajo los auspicios de la CIA y con la bendición de la Casa Blanca, derrocó a Salvador Allende, y propició la experimentación de las teorías de los Chicago boys en las cobayas chilenas.

La cosa ya venía cantada desde el 6 de noviembre de 1970 – dos días después de que Salvador Allende ocupara la presidencia democráticamente – cuando Nixon, ante el Consejo Nacional de Seguridad USA, dijo: “No podemos consentir que la América latina piense que puede iniciar este camino sin sufrir las consecuencias”. Un desastre bien programado que permitió, según nos ha explicado Naomi Klein en La doctrina del Schock. El auge del capitalismo del desastre, instalar el sistema socio-económico  neoliberal del que disfrutamos con sus beneficios de democracia hueca, recortes sociales, paro, corrupción de alta calidad y paraísos fiscales. Nada que, por otra parte, no sepa el improbable lector, pero conviene recordarlo de vez en cuando.

Lo del 2001 y las Torres Gemelas fue de órdago. El belicoso pueblo usamericano, acostumbrado siempre a llevar la guerra fuera de sus fronteras, se encontró con que se la traían a casa y de sopetón. Nuevo schock que ha justificado la pérdida de la privacidad individual y ha constreñido la libertad de los ciudadanos en nombre de la seguridad, mientras fomenta nuestro temor enfermizo a terroristas alkaedianos y fanáticos de toda laya. Se ha escrito tanto sobre el particular que un servidor no tiene mucho que decir al respecto. Solo diré que, harto de que me aterrorizasen con el bombardeo continuo desde los medios de comunicación, acostumbraba a leer el blog francés Réseau Voltaire,  desde donde se propalaban todas las teorías conspiranoicas antiyanquis y ponía en evidencia episodios oscuros como lo del avión – o misil balístico, según ellos – que se empotró en el Pentágono y del que nadie dio explicaciones.

Y aquí, recién horneado, tenemos el 11-S de la Diada, esa fiesta de fervor patriótico-étnico-lingüístico. Según parece, las masas gozosas de allende el Ebro formaron una cadena humana (el pueblo soberano ama las "caenas") para reclamar independencia. Este jubilata, gustosamente se apuntaría a esa independencia a condición que nos independizásemos de la Troika comunitaria, el monoteísmo neolibreral de Milton Friedman, la voracidad empresarial y toda la parafernalia de recortes sociales, equilibro presupuestario según el Artº 34 de la prostituida Constitución Española, colas infinitas del paro, corrupción, evasiones fiscales consentidas y gobernantes ineptos y mendaces. El Etcétera es mucho más largo, pero aquí lo dejo.

Pero, por lo que este jubilata entiende, las masas cataláunicas a lo más que aspiran es a construirse la República Independiente de Ikea, con gobernantes calcaditos a los que quieren dejar aquende el Ebro. 

Es decir: un partido burgués conservador, sobre trincante, confesional católico y entusiasta de las medidas antisociales de uso común a entrambos lados de la frontera. Francamente, para ese viaje no hacían falta alforjas ni cadenas humanas. Ni por mucho que se les caiga la lágrima patriótica cantando Els Segadors. Himno que, por otra parte, como todos los patrióticos, tiene allá en el fondo de sus fervores como un rataplán tipo paso-de-la-oca que se parece como una gota de agua al Oriamendi, al Montañas Nevadas o al Lili Marleen que cantaba la rubia muchachada de la Wehrmacht hitleriana. Ya sé que el improbable lector me acusará de herir sensibilidades que están a flor de piel, pero le juro por todo lo jurable que a un servidor los chunda-chunda patrióticos le horripilan hasta la irracionalidad.

Por eso, si por aquello de la independencia empiezan a sonar tambores de guerra, hagan el favor de olvidarme. Porque uno, a lo más que llegó fue a cabo furriel en la mili y ya le han convocado a demasiadas cruzadas en lo que lleva vivido. Empezando desde niño, que éramos la reserva espiritual de Occidente en permanente cruzada contra el Satán soviético, que luego, ya ves, no era para tanto.

En cuanto a la actualidad, el improbable lector no tiene más que recordar la Cruzada contra el Eje del Mal del 2003, mediante la cual el Trío de las Azores (con el Chema Aznar flequillo al viento) nos incitaba a luchar contra Sadán, aquel moro infiel que terminó ahorcado de malos modos. Anteriormente, en 2002, el inefable ministro Trillo nos había organizado otra cruzada contra la morisma por el peñón de Perejil y no llegamos a las manos con el tradicionalmente "pueblo amigo marroquí" porque el gran hermano  yanqui tenía intereses estratégicos en la zona y a ver si nos dejamos de chiquilladas.

Eso por no hablar de la cruzada permanente contra la pérfida Albión a causa de esa protuberancia rocosa llamada Peñón de Gibraltar, que viene a ser la válvula de escape cada vez que al suelo patrio le aparece una erupción purulenta tipo Bárcenas, Iñaki emborbonado, cajas de ahorro en derribo u otros mil despropósitos que nos estallan a cada dos por tres, y que, dicho sea de paso, dan mucho juego.


Un servidor, para terminar, tiene el privilegio de contar con su personal 11-S. Es el día en que le han operado de cataratas. Fuerza es decir que, a la operación, el jubilata iba con mucha ilusión porque últimamente lo veía todo como asaz turbio. 

El oftalmólogo me dijo que con la lente implantada vería las cosas más claras, pero me temo que fue promesa de político en campaña. Por más esfuerzos que un servidor hace no logra ver el panorama con nitidez. No sé si achacarlo a la merdulencia generalizada que impregna la vida nacional, al oftalmólogo que no me implanto una lentilla de color rosa, o a mi única neurona activa, gripada por la edad y un uso inmoderado.

4 comentarios:

  1. No recuerdo quien decía que "una nación es un grupo de personas unido en torno a un error histórico y el odio a los vecinos". Creo que tenía bastante razón.
    Saludos

    ResponderEliminar
  2. Sin querer entrar en guerra de géneros, bien creo que se prodría hablar del 11-s como "fachas señalados".

    Espero que la próxima vez que nos encontremos me veas más alto, más guapo... cuando se estrenan ojos hay que ponerlos a prueba. ¿No?

    Jabuguete.

    ResponderEliminar
  3. Dario Carreta Boletus15 de septiembre de 2013, 20:09

    Si es usted el de la foto última, ¡qué miedo! Parece el nieto del Pinochet ése.

    ResponderEliminar
  4. No tengo más remedio que coincidir in toto (qué manejo del latín!) con tus argumentos. Gloria a ese héroe y mártir de Latinoamérica que fue Salvador Allende.

    Saludos!!

    ResponderEliminar